Pedro Felipe Hoyos Körbel


Durante los días 29 y 30 del mes pasado convocó Educal al Primer Congreso por la enseñanza de la Historia. Esta iniciativa de las directivas del sindicato de educadores contó con el apoyo de las ONG relacionadas con historia como El Liceo de Historia, el Centro de Estudios Históricos de Manizales y la Academia Caldense de Historia; igualmente la Universidad de Caldas aportó y también estuvieron presentes las dos secretarías de Educación. El propósito de este evento era discutir la situación, fuera de mostrar la urgencia de introducir un cambio en la educación emancipando a la asignatura de historia de la masa de ciencias sociales. Hace varias décadas que los estudiantes en los colegios y escuelas de Colombia no ven esta importante asignatura ya que las demás ciencias sociales, dependiendo del rector y del profesor, rivalizan u opacan el tema de la historia, graduándose muchachos y muchachas que no saben que son un eslabón en una larga cadena llamada historia. Hay muchas razones para rescatar la historia para los jóvenes.
Es importante recalcar que el saber histórico no existe por sí mismo, sino comprende varias finalidades. Las más importantes son crear conciencia, afianzar identidad y proponer proyección. Ninguna sociedad humana puede desarrollarse felizmente, ser fuerte y resistir los embates externos como internos, sin estos tres elementos.
Si una sociedad no tiene conciencia, o sea no sabe de sí misma, está sujeta a ser absorbida, manipulada o ser esclavizada. Si una sociedad no tiene identidad, será una sociedad sin alma y sin valores. Y si esta sociedad no tiene proyección basada en su saber histórico, no tiene futuro. Cualquier tarea que emprenda estará condenada a fracasar o tener una muy corta vigencia, porque no es la continuación armónica de un todo, sino es producto de una idea suelta, carente de raíces.
Ahora, no solo porque estaremos abocados a un postconflicto, sino para estructurar una Colombia más justa, se debe tener en cuenta que nuestra democracia es un sistema político compuesto por un buen número de elementos cuya articulación precisa hace posible el funcionamiento eficaz del conjunto. La democracia, como institución viva, tiene la exigencia que debe ser sustentada por el ciudadano a través de las instituciones; sin la concurrencia permanente del pueblo este sistema degenera en un contubernio donde los que saben enfrentar a las leyes se enriquecerán sin medida a costa de los demás. La democracia recalca en la individualidad exigiendo que todos participen. La plenitud política se logra, entre otras, por medio del conocimiento de la historia. Nadie ama y menos defiende lo que no conoce. La historia es entonces el primer trayecto que debe recorrer el hombre para dar con su ubicación, o sea conciencia, y así contactar su idiosincrasia, o sea su identidad, para con base a estos dos puntos anteriores poder trazar su futuro. Una sociedad que no tiene como tarea primordial la de “saber” su historia simplemente no es una sociedad y estará condenada a sufrir la infelicidad de un gran número de sus miembros viviendo sin sentido.
La historia como actitud humana, dejando de lado lo científico y lo nostálgico, es un interés por lo pasado sabiendo que el tiempo forja una cadena y cada época forma un eslabón de ese conjunto. Esta actitud sabe de la fuerza de la vida humana en el pasado y su natural prolongación hacia el futuro, esta actitud está al tanto de una perfecta dependencia entre pasado, presente y futuro. Desconocer la historia es negar el esfuerzo de los antecesores e imbuirse en la creencia de ser original y por ende relevado del respeto por el pasado. La historia le recuerda, le explica al hombre su presente y su futuro afianzando la humildad y la certeza de lo grande. Por condición humana somos abuelos, padres e hijos y de esta forma veneramos a los que nos dieron la vida y ese agradecimiento se lo pagamos a nuestros descendientes.
Si el estudiante-ciudadano reconoce de nuevo las partes integrales del sistema democrático podrá formase un criterio mucho más sólido que las ideas viscerales que le suministran su emocional desconocimiento.
Se proporcionó este primer paso, esperemos que el Gobierno asuma su responsabilidad y haga el cambio, el cual en Antioquia ya se dio.
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