Efrain Castaño


Alcanzar un récord (marca suprema) es de resaltar tanto en los Juegos Olímpicos como en muchas otras pruebas deportivas o de tipo competitivo en el mundo, ya sea con la compañía de una medalla o de un diploma.
El sábado pasado se habló de un récord alcanzado según estadísticas en Puerto Rico: se trata de registrar el mayor número de personas que se dan un abrazo al mismo tiempo y en un mismo lugar; alcanzaron a registrar 12.000 (doce mil personas) que a una orden dada se abrazaron en un recinto en una población de Puerto Rico.
Si en numero vamos creo que Manizales pudiera reclamar un récord en esta misma situación; en efecto con motivo de la reunión de Pentecostés de este año bajo el lema “Católicos unidos por el Espíritu” asistieron al estadio Palogrande de Manizales más de 25.000 (veinticinco mil personas), más del doble de los Ticos y en el momento antesala de la comunión Eucarística, esas 25.000 personas se dieron el abrazo de la Paz al mismo tiempo, con afecto sincero y gozo profundo.
Ese abrazo forma parte de la celebración litúrgica que no solo expresa la unión y la comunidad sino que la fortalece, la visualiza; el saludar con abrazo fraterno en la fe a quien está a mi lado sea conocido, cercano, amado o desconocido, es un gesto de belleza sin igual en cuanto a fraternidad se refiere; es hacer visible en un momento el “amanse unos a otros” que Cristo dejó a la humanidad.
Otro récord que se ha comentado es la enorme cantidad de guardias que han sido desplegados para los Juegos Olímpicos de Río; mucha vigilancia, control y requisas para conservar la buena convivencia y no tener algo qué lamentar en el desarrollo de los encuentros deportivos de talla mundial.
En mirada diversa llamó la atención el despliegue prudente para la celebración de la fiesta de Pentecostés en el estadio en el mes de junio.
Alguna de las autoridades resaltaba un hecho verdadero; cada que hay algún evento en el estadio sea deportivo o musical hay que desplegar un enorme operativo de vigilancia y control; estar atentos para que no se entre con armas, droga o elementos de peligro para una sana convivencia en cordura y comprensión.
Pero a la vez esta autoridad señalaba cómo para la entrada de cerca de 25.000 personas de toda edad y condición no hubo que hacer requisas y la vigilancia de comportamiento social fue mínima, pues nadie iba armado o llevaba alcohol o droga, nadie ofrecía peligro destructivo u ofensivo.
Esto lo logra el amor brotado del Evangelio, la vida comunitaria que desde el amor no actúa en competitividad sino en fraternidad, gozo, ayuda mutua, amor universal. Y pensar que algunos tienden a suprimir el Evangelio de la vida social cuando trae inmenso amor y concordia.
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