Efrain Castaño


La tensión ha sido fuerte desde los inicios mismos de la historia de la humanidad; cuando en el Edén, signo de convivencia en paz se da el fatal brote de sangre que mancha el esfuerzo por convivir de manera fraterna pues Caín mata a su hermano Abel, el dolor asoma su cara que empaña el plan de amor inicial en el corazón de Dios.
De enfrentamiento entre personas se pasa a combates violentos entre clanes y pueblos; David contra Goliat y eilisteos contra israelitas abren puertas para enfrentamientos con miles de muertos entre hebreos y egipcios.
La Biblia consigna en su narración estos hechos, que ya el Salmo 105 señala diciendo: “se olvidaron de Dios su salvador, derramaron la sangre inocente y profanaron la tierra ensangrentándola, se mancharon con sus acciones y se prostituyeron con sus maldades”.
Su deseo de volver a la paz inicial y querida por el creador expresa en el término “alianza” la manera concreta de dar semblante a este proceso: “ellos, obstinados en su actitud perecían por sus culpas... pero él miró su angustia y escuchó sus gritos”.
El arco iris después del diluvio, la celebración pascual después del paso por el mar Rojo, todo ello es expresión de esa alianza deseada y querida por todos que lleva a los profetas a expresiones que hacen visual la nueva etapa: “vengan para que nos enseñe sus caminos; harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas, una nación no levantará la espada contra otra y no se adiestrarán para la guerra, caminemos a la luz de Dios”.
Los procesos de paz, los esfuerzos que buscan la paz pueden tener un final mejor y feliz si hay cambios, conversión, acercamientos dialogantes, actitudes de vida nueva. Por todo lo anterior debemos estar en actitud de apertura y gozo ante los pasos que se han dado que esperamos lleguen a una nueva alianza, a nueva manera de convivir, avanzar, trabajar y buscar caminos de justicia y cambios radicales.
Esto trae para todos un cambio de actitud, un convencimiento de que lo nuevo es posible, que el cambio de violencia a perdón es factible, que podemos y debemos mermar las explosiones de violencia intra familiar e intra grupal.
Jesús de Nazaret hace visible esta realidad cuando al elegir sus apóstoles logra armonizar tendencias de diferentes culturas y forma un grupo que llega a ser comunidad de vida y amor lo que lleva a que el apóstol Pablo anote: “Cristo es nuestra paz” no solo por el ejemplo que da sino por la realidad lograda al impulsar la vida fraterna, comunitaria, solidaria y enmarcada en la vivencia del amor: “ámense unos a otros”. - La paz es posible: se ve desde A.C. (Antes de Cristo).
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