Efrain Castaño


Es bien sabido que no basta ser inteligente para ser feliz o correcto en la vida, así como no basta tener voz para saber hablar bien o poder darle una patada a un balón que ser futbolista atinado; por esto se dice que la persona inteligente que sabe obrar el bien es la persona sabia; unir entendimiento y sabiduría es obra del Espíritu Santo y tiene como resultado la persona justa, buena, en camino de perfección.
Encontré a aquella buena mujer cuyo nombre callo para no herir su modestia; tiene más de ochenta años con un recorrido de combate y tenacidad; de niña y joven estudiaba mientras cuidaba a una buena anciana que al morir le dejó parte de su herencia y sobre todo una valija llena de consejos vitales y sabios.
Nuestra amiga se hizo mayor, trabajó en una empresa con empeño y responsabilidad, allí terminó su ciclo laboral y con estudios, cursos y experiencia se jubiló; no se casó aunque tuvo buenos pretendientes, porque buscaba una manera de servir a los demás hasta el final y no se veía casada debido a su carácter independiente.
Con su poco dinero bien administrado ha viajado por gran parte del mundo en la guía de varias empresas de viajes y turismo; pero lo que me sorprendió me lo contó de manera serena, sonriente y feliz; “desde hace años ayudo a muchos jóvenes para sus estudios” me dijo, “ya son varios los jóvenes que han alcanzado su vida profesional con la ayuda mensual que les hago llegar para este objetivo”.
Y me desgranó una perla más: “tengo la alegría de saber que varios sacerdotes han culminado sus estudios y se han ordenado en parte por el auxilio económico y en bienes que he podido hacerles llegar”; indudablemente que esta sencilla mujer gracias al manejo de sus bienes materiales ha puesto sobre el mundo varios altares desde los cuales se da al mundo el Pan de vida y la Palabra que da vida total.
Confieso que sentí vergüenza ante ella, ante esta modesta y sencilla anciana con una corona de buenas obras inmensas, una mujer sabia que ha sabido vivir; la vergüenza es cierta pues yo que gano más que ella, que conozco tanta persona en necesidad real no he sido capaz de ayudar tanto, de tener tan larga generosidad y desprendimiento, de hacer felices a tantas personas; en ella se unen el entendimiento y la sabiduría del Espíritu en una vida rica de virtudes que hace de su vida de fe y oración una explosión alegre de ayuda a los demás.
Cuánto dinero hay pero mal gastado, peor invertido, miserablemente guardado, egoístamente administrado, tontamente invertido; si cada uno de nosotros hiciéramos sabio uso del tiempo, el dinero, los bienes, la vida, los días y las horas, cuán distinto sería el mundo, cuánta hambre menos, cuántos posibles profesionales, cuántas familias sin días con penuria y carencias de todo sobre todo de afecto.
Selló nuestra charla y encuentro mostrándome un libro en su bolso: “es para llevárselo ahora a un anciano amigo reducido a cama para que leyendo un poco no se sienta tan solo o acabado”; al seguir quedé admirado y orando: “Señor, danos sin cesar personas como esta: sabias, generosas y cariñosas, como sacadas del Evangelio.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015