Efrain Castaño


La pregunta inundó al país; para unos la pregunta fastidia y a otros les da risa; ya se hizo famosa y se repite con su eco aguardientoso, gritón y sobrado; no deja de sorprender que quien hace la pregunta que resalta un derecho, un poder, un reconocimiento, una ventaja la hace mientras está tirando al suelo todo deber, respeto, cortesía, buen trato, vida digna de imitar o reconocer como positiva y válida.
"¿No sabe quién soy yo?", produce irritación o burla por lo incongruente del asunto, por el reclamo de atención preferencial mientras se obra de manera irrespetuosa, salida de tono, en actitudes grotescas por el estado de alicoramiento.
Los honores no se deben reclamar, los títulos no se deben ostentar porque son medios de servicio, aporte, ayuda, presencia de aliento con los demás.
Me imagino hablando con el Mahatma Gandhi y diciéndole con aire de suficiencia o de orgullo: "¿usted no sabe quién soy yo?, que soy creyente, cristiano, que hasta hablo de Jesús. Su respuesta sería la misma que dio hace años, antes de morir y que debe hacernos reflexionar como un llamado a la coherencia vital, a la vida auténtica.
En alguna ocasión, después de haber leído el Evangelio como vida de Nuestro Señor con la narración de muchos de sus actos, anotó en forma concisa: "me he deleitado en la lectura del Evangelio y encuentro en la figura de Jesús de Nazareth el mensaje más bello para la humanidad; puedo resaltar que le admiro como portador de Verdad y Vida, pero es también cierto que no admiro a los cristianos porque no viven tan sapientísimo mensaje de luz y menos aún siguen lo indicado por Jesús para la vida diaria; me parece que siguen la línea de la traición".
Queda claro; Gandhi me diría una vez más que aunque le diga que soy bautizado, que rezo, que leo la Palabra, no tengo con él carta positiva de presentación porque no ve autenticidad, compromiso, vida recta; que no muestro en quien creo ni vivo lo que digo creer.
Me parece que es un buen motivo para vivir esta Cuaresma en toda su intensidad; es tiempo de conversión, de cambio, de abandono de actitudes dobles, hipócritas, vengativas, de odio, de indiferencia ante los hermanos de vida.
SI no soy creyente en Jesus de Nazareth sí puedo llegar a ser un ser humano integral, correcto, amable, responsable, que no haga sufrir a los demás con infidelidades, mentiras, engaños, robos, violencia, abandonos, huidas egoístas, actitudes soberbias.
Si soy seguidor de Jesús de Nazareth es lo correcto llevar una vida de acuerdo al Evangelio que es amor, entrega hasta el sacrificio por los demás, compartir lo que tengo, perdonar sin medida, no dejar que llegue el vicio a destruir mis compromisos familiares, laborales, personales.
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