Efrain Castaño


La buena comida está de moda; el mundo contemporáneo busca mejorar la comida como pan diario con calidad y buen sabor; crecen las profesiones como el dietista, el nutricionista y el jefe de buena cocina, de aquel que sabe combinar sazón en el alimento como sabor y buena presentación.
Es creciente el éxito de programaciones como Master Chef que busca artistas en la tarea del buen cocinar que asegure un buen comer y el gusto y la satisfacción en la mesa; hasta que con los niños y jóvenes se implementa esta línea de la nueva sociedad; no omite los platos tradicionales y regionales sino que busca una presentación novedosa y llamativa.
Lo anterior me lleva a recordar lo que alguna vez le escuché a un buen comentarista bíblico así como de los deseos de Jesús de Nazaret; resumía el ritmo de la vida en la participación de tres mesas que suceden a diario; omitir una de las tres descompone la marcha ascendente y fiel de la existencia.
Tres mesas no se deben olvidar ni dejar quien desee vivir bien y mejor; la mesa del altar, la mesa familiar y la mesa de los pobres; vale la pena explicar un poco; puede iluminar más de una vida.
La primera mesa: el libro de Proverbios (9,1) anota que "la Sabiduría construyó su casa e hizo un banquete y despachó a los servidores a anunciarlo "vengan acá a comer de mi pan y a beber el vino que les he preparado". Es la mesa de la oración, la plegaria, la asamblea comunitaria, la reunión dominical, la Eucaristía, el acercamiento a los dones que salen de Dios como son Su palabra, la creación, la fiesta de descanso.
La segunda mesa: es la comida familiar, la reunión siquiera una vez a la semana de quienes constituyen un hogar evitando que la casa se convierta en un hotel donde solo se llega a dormir, a comer, al arreglo de ropa, pero sin diálogo, sin mirarse a la cara para manifestarse el amor ya sea en la felicitación, en la corrección, la planeación conjunta, sin interferencias del aparato televisivo, la internet o el celular que nos comunican pero a veces nos alejan de los cercanos a quienes ya ni una caricia de afecto les damos.
La tercera mesa: las mesas anteriores se extienden como regadío fructuoso en el saber compartir con el que nada o poco tiene; es hacer posible el "pan de cada día" en toda mesa, que nadie pase hambre en este planeta, ideal del cual estamos muy lejanos si no tenemos solidaridad; pone a pensar el hecho de que solo en Bogotá los lunes se recogen 400 toneladas de residuos de alimentos en los restaurantes, que bien podrían llegar a la mesa de quien no tiene pan.
Tres mesas para alimentar la vida; dejar una de las tres es acercarse al peligro de estar mal alimentados en forma integral y no llenar algunos requisitos para un correcto y feliz vivir.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015