Efrain Castaño


El pesimismo está siendo aplastado por una visión optimista de la vida y los acontecimientos; Adviento es tiempo para revisar y mejorar en todo lo que nos damos cuenta que es posible recuperar, recobrar, dar brillo.
Un nueve de diciembre, el de 1608 nació en Londres un hombre que llegó a ser cumbre en las letras; murió en 1674 dejando muy en alto sus dotes de poeta, escritor y novelista.
Se casó con Mary Powell de quien se divorció pero después de algunas revisiones llegó a la reconciliación hasta su viudez; llegó a ser secretario de Estado en Gran Bretaña ya que tenía una recta manera de tratar a todos aún en medio de las contrariedades de tipo religioso, literario y político; siempre conservó una postura equilibrada y muy culta.
Escribió varias obras como “Oda a la Navidad” en la cual resalta el valor de este bello tiempo que estamos oscureciendo con formas de celebración no adecuadas al tema de la Natividad de Jesús de Nazaret que es el centro de este tiempo.
En otra obra: “La alegría” invita a no perder esta característica de quien sabe de donde viene, para donde va y por cuál camino seguir el cada día de la existencia.
Pero es en su obra cumbre: “el Paraíso perdido” donde Milton eleva el pensamiento hasta hacerlo encontrar con la realidad; trata de hacer una explicación de los tres primeros capítulos del Génesis en los cuales se describe en bella forma literaria el inicio de la existencia de todo, su avance pero su desvío en determinado momento al separarse nuestros primeros padres, léase generaciones o personas, del Plan genial y original del Creador.
Esta obra publicada en 1667 describe la tensión iniciada en el Paraíso germinal cuando Satán siembra la desconfianza, la desobediencia, la duda y hace brotar el desgano de vivir; es una obra que desde la angustia de perder la belleza primera se llega al surgimiento de un anhelo prendido en el amor del Creador.
Esta idea y realidad llevada a la práctica en Navidad Milton la quiso extender en otra obra: “el Paraíso recobrado”, páginas en las cuales hace asomar el optimismo creyente ante la certeza de que nada está perdido mientras se quiera revisar y mejorar la vida.
Si en esta Navidad estamos en situación de un Paraíso perdido, es ocasión propicia para vivir “el Paraíso recobrado” merced a la aceptado del núcleo de esta fiesta que tiende a perderse entre la hojarasca de regalos, música de parranda hasta grotesca; es hora de volver a manos de Dios.
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