Efrain Castaño


Fue el quince de julio de 1975; la carrera espacial estaba en su punto de alta madurez técnica; dos potencias competían por ir adelante en la conquista del espacio; en 1962 con la sorpresa mundial Rusia lanzó el primer hombre al espacio; en 1969 Estados Unidos dio la grata sorpresa al colocar el primer hombre en la luna; el conocimiento espacial se había convertido en carrera competitiva que colocaba dinero, técnica e investigación en alto vuelo.
Cada día el mundo esperaba de algún lado una noticia en el avance de la conquista espacial de estas dos potencias con sus organismos de experimentación en una novedad de ayer y hoy, no pasa de ser apasionante cada paso: la exploración del espacio, la búsqueda de vida en otros planetas, la indagación sobre los grandes misterios que sin duda alguna encierra el inmenso universo.
Muchos se oponen a la carrera espacial, pero olvidan que es un paso para ensanchar los conocimientos sobre nuestro origen, aclaración de múltiples opiniones al respecto, hallazgo de agua o minerales que en caso de desaparición en la tierra fuera posible obtenerlos en el espacio en otros cuerpos celestes; unos hacen este esfuerzo en nombre de la Fe y la ciencia, otros en nombre solo de la ciencia; esfuerzos humanos por conocer la grandeza de la creación; no es competir con Dios sino adentrarse en el regalo fastuoso y admirable dado en la creación.
Las dos potencias citadas se miraban de reojo, había tirones de espionaje, cada una procuraba admirar al mundo con alguna hazaña que le pusiera en la delantera científica espacial; algunos decían que la guerra que habían llevado en la tierra la estaban trasladando al espacio.
Pero aquel quince de julio hizo historia: ese día se hizo un avance de alta significación que enalteció la raza humana, la investigación y la ciencia, el uso de sofisticados artefactos como cohetes y objetos de veloz transporte, como maquinaria de delicada técnica para mediciones precisas.
Ese día es lección para la humanidad, para los procesos de paz como el que ahora se adelanta, para la vida familiar en la cual se ha introducido la violencia, la intolerancia, el irrespeto, la baja en la perseverancia, la adopción del cansancio.
Ese quince de julio se dio una lección por lo alto, no solo porque la dieron dos altas potencias mundiales, sino porque se inició a kilómetros de distancia en la altura espacial; ese día dos potencias rivales, que parecían irreconciliables dieron un paso de acercamiento, de mutua colaboración, ejemplo para el avance de todos.
Ese día dos naves espaciales, una de la Nasa (de EU) con Staford, Slayton y Brand a bordo, nave llamada Apolo y otra de las URSS, Soyus 19, tripulada por los soviéticos Leoen y Kibasov, se acoplaron a 275 kilómetros de la tierra; abrazos y aplausos sellaron ese importante momento para la historia del mundo.
Nosotros seguimos mirándonos como enemigos por diversidad de política, deporte y hasta religión: no aprendimos la lección con altura.
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