Efrain Castaño


Es así: ella es la señora, la dama, la mujer íntegra, el ser que ha realizado todo el sueño de Dios sobre un ser humano; Miriam o María quiere decir la señora, así en forma contundente; María es la Señora, la que muchos llamamos nuestra Señora, señora y reina del mundo.
Vivía en medio de un país pobre, agricultor y sencillo; dominado por potencias extranjeras en especial Roma y su imperio; era un territorio mezcla de belleza natural, injusticia y religiosidad; un rincón del mundo ignorado pero donde se posaría la corona del mundo, una gesta que habla de nueva creación o comienzo.
Allí estaba nuestra señora en mención, María de Nazaret; había cautivado a Dios por su existencia limpia, pobre, sencilla y alegre; trabajaba pensando en un futuro hogar, cantaba dando alas al amor que revoleteaba dentro de su corazón que era como jaula de oro, oraba como la expresión más natural de su entraña amorosa para con Dios y el prójimo; María era apreciada por su belleza juvenil, su compostura de señora y dama de finura gentileza.
En ella se estaba realizando con profundidad de eternidad lo que años atrás se había vivido entre Ruth la Moabita quien trabajando en la finca de Booz lo conquistó con su sencillez, trabajo precioso, nobleza de costumbres y gozo de existir hasta llegar a las nupcias amorosas; María conquistó a Dios y se acercaba el momento nupcial.
En efecto fue visitada por el Ángel o mensajero que la declaró bendita y santa entre todos, llena de gracia reluciente como un jaspe que irradia rayos de titilante estrella; le aclaró que sería un vientre fecundo y daría un fruto bendito entre todos.
Como quien acepta una bella serenata de amor o un hermoso regalo que aún no se atreve a destapar, ella dijo de manera contundente y decidida un sí que agradó a Dios y llenó de regocijo la creación entera: "hágase en mí según tu palabra" fue su respuesta que dio origen a una segunda parte de una bella sinfonía de amor; como el "hágase" de la primera parte de la creación en el Génesis, este hágase de María propició la continuación de la creación que se corona en la encarnación del Hijo de Dios.
Gracias a ese hágase, ese sí sin vacilaciones, ella se convierte en la madre de Jesús de Nazaret, en el canal para la presencia de Dios entre nosotros y la historia; la señora, madre de Dios, de la Iglesia, de la humanidad, señora de enomes dimensiones para la historia sagrada y profana del universo.
Es la fiesta de hoy 25 de marzo que enmarcada en la Cuaresma es la invitación a cada uno de nosotros a abrirse en esta Semana Santa o mayor a la Palabra que le llega nuevamente como anuncio, entrega, luz y gozo.
Quien ante la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret dice un hágase como la Señora, propicia en sí, en su vida, en su historia una maravillosa etapa de vida nueva; el horizonte se amplía en dimensiones de eternidad y gozo.
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