Efrain Castaño


El 16 de diciembre de 1770 nació en Bonn, Alemania, uno de los genios de la música en todos los tiempos; Ludwing Van Beethoven; una nota de alta cumbre, de luces tan bellas como las de Navidad.
Me llama la atención que este genio musical, autor de la sublime Sinfonía Novena que eleva el espíritu a niveles celestiales, hubiese nacido el día del inicio de la Novena preparatoria a la festividad siempre grata de la Navidad: un 16 de diciembre; una conjunción de maravilla.
Beethoven desde pequeño guiado por su padre aprendió a tocar piano, violín y órgano que le educaron en el arte musical; su profundo sentido de emoción sufrió duro golpe cuando a los 17 años perdió a su madre; a los 25 años reconocido ya como maestro de la música clásica y creador de nuevo estilo reconoce que la sordera ha llegado a su vida; pero lo importante es que no se desespera sino que se crece ante las dificultades.
Desde ese momento empezó a expresar por escrito sus sentimientos; se dice que alcanzó a dejar 11 mil páginas escritas con sus preguntas e inquietudes; en todo ese recorrido se ve un hombre creyente, fuerte, amoroso si bien tenía sus instantes de casi desesperación; todo ello contribuyó a la creación de sus bellísimas páginas musicales.
Entre sus notas vale la pena resaltar algunas: "Oh Dios mío, dice en una de ellas, la paciencia, he aquí mi fuerza y guía. Padre, enseñen a sus hijos la virtud. No existe felicidad más sublime que elevarse sobre todos y acercándose a la divinidad, proyectar desde arriba su luz sobre la humanidad; la música es una revelación superior a todas las ciencias y filosofías".
Beethoven cree en la Providencia, en el bien, en la razón suprema del mundo y de la vida. Cree en la eternidad y dentro de ello en el hombre; esto explica su optimismo que a pesar de todas las pruebas por las cuales transitó, siempre conservó la esperanza; la tristeza jamás encontró en él asiento o puerto; en él se ve claro la lucha y la victoria del espíritu sobre la materia.
Este creador de la sexta y novena sinfonías, llevó a decir a algún comentarista: "solo un hombre puro pudo haber escrito páginas de esta magnitud"; su obra influyó profundamente sobre la totalidad de la producción musical clásica de los siglos XIX y XX.
Ojalá que hoy al comenzar la plegaria de la Novena de Navidad, todos nos unamos para orar y cantar juntos con el espíritu amoroso y deseoso de un mejor futuro.
Panderetas, maracas, palmas, todo ello se debe unir con las voces graves o infantiles; familias y barrios unidos todos en la oración y el canto alegre que rompe los aires con el optimismo y la esperanza en un futuro mejor.
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