Efrain Castaño


Colón había desembarcado en su segundo viaje efectuado en el barco la Isabela; ya estaba más orientado y había llegado a Santo Domingo; venían en la nave el almirante, sus ayudantes, conquistadores en nombre del Rey de España, marineros casi todos aventureros y en este viaje por primera vez llegaban los misioneros.
Entre los conquistadores venían los buscadores de oro, canela y otras riquezas oteadas desde el primer viaje; no se medían en violencia en caso de oposición de los aborígenes y su deseo era poseer: tierras, riquezas, mujeres, sirvientes esclavos; tanto los aciertos como los muchos desaciertos de esta gesta darían como consecuencia el nacimiento de los códigos internacionales que evitarían la posesión ilegal o descarada de bienes encontrados en las nuevas tierras y más aún el mal trato a los milenarios habitantes casi todos con sabias culturas. La mayoría de los misioneros tuvieron fuertes choques al tratar de regular los evidentes abusos cometidos; se puede decir que en gran parte hubo división: los unos se entregaron a evangelizar y los otros al pillaje, masacres e impositiva posesión.
El día anterior, seis de enero del año 1494 los misioneros miraron el calendario (el largo viaje como aún hoy desarticula la mirada serena del tiempo y las cosas); se dieron cuenta que era la fiesta de la Epifanía que aún hoy en España tiene más interés celebrativo que la fiesta de la natividad; propusieron a Colón la celebración de la Misa ese día para ofrecer estas tierras al Salvador manifestado en la Encarnación.
Quedó escrito en los anales de la época lo sucedido ese día: se colgó de un árbol una campana de bronce traída por los misioneros para llamar a las reuniones de oración y kerigma; se cuenta que los nativos recibieron con gusto la invitación y que el sonido de la campana les encantó y en corro alrededor de ella reían tras su sonido. Después de largo diálogo y explicaciones se procedió a celebrar la que fue la primera Misa oficiada en el nuevo mundo; ese seis de enero del año 1494 el padre Franciscano Fray Bernardo Boyl presidió entre la curiosidad de unos y la felicidad de otros la primera Misa en el nuevo continente.
La Isabela trajo en su vientre viajero a estos misioneros que hace hoy 521 años celebraron la primera Misa, presencia sacramental de la fuerza salvadora del Señor; fue un eco extendido hasta hoy del anuncio fundamental que desde la Fe se da al hombre de todos los siglos: que el Creador es Padre que le ama y que nos invita al amor: de todos los días, de todas las horas, a todos los seres en especial a los semejantes en humanidad e ideal. Lástima que este hecho hermoso y de apertura de caminos en la evangelización se hubiera empañado por desmanes y descaros que duraron largo tiempo; afortunadamente en la actualidad se procede a evangelizar con respeto, sin ánimo condenatorio o destructor de las culturas originales y con alegría.
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