Efrain Castaño


Hay quien ríe por entretenimiento pero sin conocer la alegría, hay quien dice amar pero en actos que no son más que aventuras transitorias, sin nombre, casi sin rostro, casi sin palabras, como encuentro de dos extraños o extranjeros.
Quien encuentra el amor verdadero pone a su vida una base firme y brillante; por ello el papa Francisco, este jovial hombre que desde la fe en Cristo quiere regalar al mundo júbilo y esperanza, ha regalado al mundo una bella carta el 19 de marzo de este año con el conciso y significativo título de “la alegría del amor”.
Arrancando de la vida real de las familias bíblicas, pasa por el sendero de los pensadores, filósofos y teólogos que ahondan sobre el sentido verdadero del amor y culmina hablando de los problemas surgidos en las nuevas situaciones de esta cultura veloz y del descarte.
Es un lenguaje más de diálogo que de documento especulativo, el papa hace un recorrido desde la Palabra revelada sobre la familia, mirando la realidad y los desafíos de las familias de la cambiante moda de hoy.
Profundo, para examen de conciencia familiar es el capítulo sobre el amor en el matrimonio; en él desgrana de manera pedagógica las actitudes que no deben faltar en el matrimonio: paciencia, actitud de servicio, sanando la envidia, sin alardes humillantes, en amabilidad y desprendimiento, con perdón, confianza, esperanza.
Llega hasta hablar en forma nítida de temas casi considerados tabú como el mundo de las emociones, lo erótico en el amor, el matrimonio en la virginidad; prosigue resaltando la belleza del amor fecundo hablando del embarazo, del amor de padre y madre, de saber ser hijos, hermanos, ancianos, siempre con un corazón grande.
Llama a revisión sobre la pastoral de la familia al escribir sobre la necesidad de acompañar el matrimonio en los primeros años de vida y sobre todo en las crisis como las viejas heridas, el desafío de las crisis, el acompañamiento después de rupturas y divorcios. No oculta la aparición de la muerte en el hogar, como cuando dice que clava su aguijón.
No podía faltar un bello tramo sobre la educación de los hijos haciendo ver la urgencia de una formación ética de los hijos, el valor de la sanción como estímulo, la vida familiar como contexto educativo, sí a la educación sexual y coronar la acción familiar con el hecho hermoso de transmitir la fe a los hijos.
De lógica que termina con una visión hacia las situaciones de familia llamadas irregulares y de valiosas normas para su tratamiento. Una carta que nos convence de la alegría de amar.
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