Efrain Castaño


El taxista recogió a la madrugada a aquellos estudiantes que amanecían de rumba; al observar aquel 20 de julio que en balcones y edificios flameaba la bandera colombiana, alguno lanzó entre bostezos la pregunta del día: ¿es que hoy juega el equipo de Colombia que hay tanta bandera?, la verdad no tenía noticia; ninguno supo dar respuesta, solo el sencillo taxista quien les instruyó diciendo: hoy es el día conmemorativo de la Independencia Nacional.
La carcajada no se hizo esperar, pero sin caer en la cuenta que los primeros que necesitaban ser independizados eran ellos, sí, de la ignorancia, de la apatía por la historia del país; es que a veces provoca decir como aquel que se atrevió a opinar: mientras el país está que se derrumba, muchos solo piensan en rumba.
Es bueno volver a recordar la historia nuestra, tejida de hechos de inmenso heroísmo y compromiso, de unión de numerosas fuerzas que lograron crear impulsos renovadores para salir del yugo extraño, de la violencia sangrienta y sin meta, de la trifulca desordenada que solo produce destrucción y más miseria.
Cuando un pueblo se organiza, se unifica, aprende a mirar a los demás no como enemigos sino como aliados, logra conseguir sus deseos y sus avances, obtiene la independencia de las múltiples esclavitudes sean políticas, económicas, morales, espirituales haciendo realidad lo que anota la Biblia: “para ser libres nos libertó Cristo” (Gal 5,1).
Conocer la historia de la Independencia es acercarse a la realidad de nuestros antepasados en sus luchas y deseos por regalarnos un país mejor, con finanzas que favorezcan al mismo país, que traigan prosperidad a todas las regiones del bello mapa nacional.
Aquel 20 de julio de 1810 no fue un día separado de una historia, brotado de una repentina coyuntura emocional o fruto de un griterío y pelea callejera; es resultante de una búsqueda larga hacia la libertad, de una trama para que los tributos no se fueran de nuestros límites.
Por lo anterior me gustó leer el libro del doctor Orlando Giraldo González que publicó en abril de este año con el título: “raíces de la Independencia”; en su narrativa de fidelidad histórica nos conecta con los tiempos atrás de 1810 y resalta los brotes de independencia que allá y acá brotaron tejiendo una telaraña gigante que fue la que se hizo visible y enlazante aquel 20 de julio.
Desde 1549 el Dr. Orlando va tejiendo la historia con personajes, lugares, impulsos, protestas y organizaciones que año tras año hicieron el camino liberacionista; el libro deja claro el valor de esta raza nuestra, de la significación de las diferentes parcelas patrias; uno acaba reconociendo con cariño nuestra historia.
Independencia grita la raza, ojalá cada etapa nos regale de Dios la liberación necesaria para bien de todos.
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