Efrain Castaño


El ser humano desde épocas antiguas ha admirado el rayo que cae del firmamento, del cual es difícil defenderse sin dejar de estremecerse ante su luminosidad y trueno; ante él se siente pequeño, sin saber qué hacer, sin tener cómo atajarlo en su contundente poder.
Ya en el Antiguo Testamento la Biblia llama a los rayos a alabar y bendecir al Señor y los califica servidores de Su majestad, pero poco se sabía cuál era su origen, el por qué de su brillo y sonido.
Después de muchos siglos, un científico, serio investigador de la naturaleza presentó a la humanidad su invento en orden a controlar el poder destructor de su potencia; el 15 de junio de 1752 el señor Benjamín Franklin dio a la humanidad su genial invención: el pararrayo, el medio de detener y controlar aquel misterioso rayo tantas veces mortal y destructor.
Franklin nace en Estados Unidos y desde pequeño sin ser un sobresaliente estudiante le llamó la atención la investigación. De joven empezó a trabajar en un taller de impresión y se hace editor de almanaques y periódicos. Empieza a conocer personajes de la ciencia y se traslada a Europa un tiempo.
Se dedica al estudio de la electricidad con gusto, pasión y dedicación; en este período presenta dos invenciones: una estufa casera de calefacción y los anteojos bifocales; le gusta también la rama política y cumple un destacado papel en el proceso de independencia de los Estados Unidos; es el redactor de la Constitución de este país aún vigente si bien con algunas modificaciones; nacido en 1706 muere en 1790 reconocido como alto personaje americano y valor indiscutible de la ciencia y la investigación.
En Manizales no nos hemos dado cuenta de una aguerrida y acertada labor en la Catedral Basílica; su actual párroco en medio de dificultades y hasta oposición colocó en las cinco torres del templo incluyendo la airosa torre central pararrayos, que prácticamente contribuyen a la protección del centro de la ciudad.
Una labor que debemos agradecer y reconocer y que da impulso al bienestar de todos y un mayor estado de seguridad; es como poner una capa protectora al centro urbano ya que estos pararrayos son de largo alcance y buena altura. Buena protección en esta época en la cual sin duda hemos captado el aumento de la actividad de relámpagos y truenos que traen inquietud y temor. Gracias a esta callada pero eficaz labor eclesial que se extiende hasta dar mayor tranquilidad a todos.
Apliquemos esto: qué bueno que nosotros nos convirtamos en pararrayos de la humanidad, que aprendamos a canalizar los peligros y mermar la capacidad destructora de palabras, gestos, hechos que terminan muchas veces en tragedias.
Necesitamos muchas personas que como el pararrayo sepamos calmar, canalizar, frenar y tranquilizar la a veces tormentosa vida.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015