Efrain Castaño


La fecha del 21 de enero une a dos protagonistas de la historia del mundo; el 21 de enero de 1905 nació Christian Dior y el 21 de enero de 1959 muere Cecil B. DeMille; los dos se unen no solo en fecha sino en algún aspecto de la existencia: la innovación creadora.
El día a día se teje con el hilo del entusiasmo creador, con el deseo de la innovación, con la manera expresiva de hacer lo ordinario lo mejor posible, de tratar de ser el mejor en aquello que me corresponde hacer en el lapso histórico de mi existencia. Entre miles de trabajadores, empleados o profesionales hay que reconocer que los mejores son siempre los innovadores, los que no dejan que la rutina o la repetición monótona frenen el ímpetu y fuego que Dios ha puesto en cada uno: "fuego he venido a traer a la tierra" expresó Jesús de Nazareth un día, para salir de la monotonía.
Dior nació en Montecatini (Italia) el 21 de enero de 1905 y murió en 1957; desde joven se inclinó por el arte de la moda, por la innovación en la presentación personal no extravagante pero sí elegante, sencilla y vistosa; abrió un horizonte de variedad en estilos, colores, formas y cortes que con el tiempo le valieron el reconocimiento mundial; es el creador del estilo "newlook". El mundo de la moda reconoce en Dior un impulsor de la estética y buen gusto en la presentación personal ante la sociedad.
Cecil B. DeMille, americano, muere el 21 de enero de 1959; llegó a ser calificado como "el mago del cine", pues desde joven se radicó en la meca del cine, Hollywood donde murió a los 77 años de triunfos innegables; en 1912 funda la gran empresa de cine la "Paramount" con la cual ofrece al mundo películas de innovadora realización técnica. Fruto de esa creatividad basta recordar las dos versiones dirigidas por él de "los diez mandamientos" (una en 1923 y en la fantástica de 1956), así como la historia "Sansón y Dalila" en 1950; siempre escogía los mejores actores, escenarios y la grandiosidad de sus filmaciones le dieron la fama bien ganada.
Dior y DeMille son ejemplo de innovación creadora, cada uno en su campo quiso dar más de lo normal, de lo mismo, y con creatividad, estudio, invención y esfuerzo llegaron a tan alto grado de expresividad admirable en el mundo de la historia.
Laura Montoya fue en Colombia y para el mundo una innovadora en la obra evangelizadora indígena abriendo horizontes que corrigen las fallas anteriores y abren senderos de alegre novedad. El papa Francisco está siendo innovador en la vivencia del ministerio Papal. Cada uno puede ser este nuevo año un innovador del servicio, trabajo, deber diario y camino de servicio y Fe; ejemplos hay y oportunidades también.
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