Efrain Castaño


El 22 de abril ha sido declarado por la ONU como el día de la tierra; se quiere con ello poner de relieve el valor de esta inmensa casa que nos ha tocado como herencia para vivir y que debemos cuidar, apreciar y hacer habitable.
La tierra que con sus bellas montañas, valles, desiertos, mares, fauna y flora, sólido, líquido y gaseoso ámbito, es para todos fuente de sustento, interrogantes, misterios, sorpresas; es casa universal que requiere la base de la unidad de los humanos para hacerla amable, bella, en progreso y evolución.
Algunos dicen que la tierra la devaluaron con la idea del cielo y otros anotan que el Cielo lo oscurecieron con la idea de la tierra, olvidando que desde el comienzo la Biblia presenta una unidad cuando Dios que se pasea contento por la tierra le confía su desarrollo al hombre y en la Encarnación de Cristo lleva a la apoteosis de la vida la unión entre lo terreno y lo celeste, la carne y el espíritu, lo humano y lo divino.
Que debemos conocer la tierra como planeta de inmensas bellezas y cuidarla como parcela confiada a nuestra responsabilidad, es verdad de primera mano y hoy estamos llamados a revisar si en verdad estamos siendo rectos y sabios en hacer de esta gran habitación una morada digna, fraterna, pacífica, alegre y confiable.
Para William Ospina, escritor vecino nacido en Padua, Tolima, hombre de prosa elegante y pensamiento profundo y constructivo, parece ser que no hemos sido muy certeros; en su obra "es tarde para el hombre" cuestiona nuestro comportamiento en y para con el planeta.
Se pregunta con Eliot "dónde está la vida que hemos perdido en vivir y el conocimiento que hemos perdido en información; veinte siglos de historia humana nos alejan de Dios y nos aproximan al polvo".
Anota que "en la ciudad están el progreso, las fábricas, los supermercados, los almacenes, la atención médica a todas horas, los cajeros automáticos, las celebridades, el cine, los grandes espectáculos; la ciudad es acción, velocidad, seducciones, modas y aventuras. Pero son otras las sorpresas que disponen en las esquinas: barriada de marginación, inseguridad, insatisfacción. Estamos en el corazón de la tierra prometida y sin embargo nunca estuvimos tan lejos del Paraíso".
Su recorrido por la tierra termina anotando con Emily Dickinson "era demasiado tarde para el hombre... pero temprano aun para Dios"; es tiempo de encaminar la acción por la Ética, la rectitud personal y la acción comunitaria: todo ello hará de la tierra el sitio bello y edificante para vivir y morir con la seguridad de un deber cumplido, una tarea realizada, una alegría compartida; vivir en la tierra es compromiso y tarea.
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