Efrain Castaño


El astro futbolero colombiano de muy limpia vida está en un momento oscuro, decadente, difícil, en efecto Radamel Falcao está en des-falco, de momento hay cosas que no le marchan bien.
Ha tenido caídas, unas en las canchas resaltando aquella que lesionó su rodilla y que le tiene frenado para desplegar todo su potencial; otras con la afición y crítica deportiva que así como crea ídolos hoy, mañana ante la menor falla los destruye como lo hace ahora la prensa que se le vino encima porque ya no es el tigre que sembraba temor en el arco contrario.
Llegó a un plantel de no mucha simpatía mutua, con un director técnico que no le ha dado confianza, con una afición que no tolera errores o disminución de la fuerza física y mental, que solo mira la eficiencia, la eficacia, los óptimos resultados y que dice "para eso pagamos y bien"; es el escenario del culto al cuerpo, a la fuerza física, al triunfo, a la emoción.
Ha sufrido, porque los rechazos e insultos duelen, porque ver que ayer te alabaron con euforia y hoy te rechazan con desprecio, todo eso hiere, afecta la mente y el ánimo aún del más fuerte; es la intolerancia de quienes hacen desfiles y plantones para protestar por esto y aquello pero que no admiten una falla o bajón de quien está cercano; es la mentalidad que afecta a empresas, hogares, familias y comunidades donde el culto al beneficio trae alabanzas cuando gustas porque estás bien pero tras rechazos y hasta abandonos cuando disminuyen el rendimiento o altura de resultados.
Pero lo bonito del caso este que Falcao en medio de la tempestad que le rechaza o hiere ha encontrado una fuerza que le pone de nuevo la sonrisa en su rostro, que le hace ver la vida distinta y en proyección: en estos días está celebrando el nacimiento de su nueva hija, creatura que llega al hogar, a la cuna de amor familiar, que abre las puertas de la ternura para refrescar ánimos y curar heridas.
La familia es en definitiva ámbito vital, aire de esperanza, horizonte de optimismo; en la familia uno puede ser feo o bonito según el calificativo social, inteligente o bruto, torpe o muy sagaz, callado o parlanchín, seco o risueño, enfermo o en plena salud, fracasado o exitoso, pero siempre es el padre, hijo, hermano o allegado que tiene amor que le rodea, que recibe a diario palabras de cariño y estímulo.
En la familia nos corrigen sin humillarnos, nos guían sin insultarnos, compartimos el pan sea mucho o poco sin rivalizar o comparar, hay comprensión en el error, perdón en la falta, llamada de alerta en el peligro pero todo en el idioma único y constructivo del amor, del afecto, del abrazo tierno.
En una verdadera familia hay errores, dificultades, fallas pero también existe el perdón, la reconciliación, la mano que ayuda, la corrección que ilumina; una verdadera familia es reflejo del amor de Dios a la humanidad.
Estará llegando el fin futbolero de este astro deportivo o tendrá que retirarse por presión grosera?, el tiempo lo dirá pero la verdad es que el trofeo más grande es la Fe, la familia, el amor, pedestal de gozo.
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