Efrain Castaño


Después de los recesos de fin de año, estamos entrando de nuevo en el camino del trabajo, estudio y servicio profesional; hay que reconocer que hay sectores de la vida que no tienen recesos porque equivaldría a abandonar la misión confiada ante la vida, la historia, los valores.
Gracias a quienes están siempre al frente de sus labores edificando un mundo mejor sin tomarse vacaciones, en fidelidad, en alegría y en generosidad de alta valía; tantos padres y madres de familia, educadores, médicos y servidores de la salud, periodistas, celadores, servidores de aseo y servicios públicos, sacerdotes que acompañan con amor y esmero las comunidades, religiosos y religiosas que desgranan sin cesar una bondad que parece inagotable; es una bella lista que falta completar y que son una nómina de lujo en la construcción de un mundo más bello y mejor.
Quienes han tenido receso sienten tal vez la necesidad de tomar nuevo impulso, de retomar con nuevo brío la diaria labor que a veces se torna fatigosa, rutinaria, esforzada. Para unos (los constantes en su labor) y los otros (los que vuelven a sus deberes y trabajos) es saludable inyectar ánimo y gusto, sentido de la vida y alegría por la existencia. Es resaltar lo que hizo el obispo americano Fulton Sheen, líder de la conexión televisiva en su época cuando sostuvo por años un programa que batió récord de sintonía: "la vida merece vivirse".
Encontré en uno de los recortes que a veces se recopilan por su significado y enseñanza vital una página que vale la pena recordar y retomar comenzando los trabajos en este año.
"Un día le pedí a Dios instrucciones para vivir en la tierra; Él acercó su voz a mi oído y me dijo:
sé como el sol: levántate temprano y no te acuestes tarde;
sé como la luna: brilla en la oscuridad pero sométete a la luz mayor;
sé como los pájaros: alegra las mañanas, come, canta, vuela; no produzcan terror en nadie, no siembres miedo o peligros;
sé como las flores: enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces;
sé como la fruta: bella por fuera, saludable por dentro;
sé como el día: que llega, se despliega minuto a minuto, regala luz y belleza y luego se retira sin alardes;
sé como el oasis: da tu agua al sediento;
sé como la luciérnaga: sabe emitir su propia luz cuando la sombra y la oscuridad llegan;
sé como el agua: buena y transparente;
sé como el río: siempre regalando el sorbo de agua a todo transeúnte, siempre yendo hacia adelante y si se detiene es para emitir el arco iris;
y por sobre todo sé como el cielo: la morada de Dios".
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