Efrain Castaño


Chicago es una dinámica ciudad de los Estados Unidos situada en la región de los grandes lagos, junto al lago Michigan; tiene más de 3 millones de habitantes; puerto activo y gran centro industrial (en Siderurgia, construcción de maquinaria e industrias alimentarias; centro comercial y cultural, de reconocida arquitectura); alberga grandes museos.
Manizales es ciudad colombiana cercana a los 400 mil habitantes; de gran empuje cultural, llegó a ser considerada de envergadura por su crecimiento en la década del 20, de reconocida valentía de su raza, amiga del orden, el aseo, el progreso. Otrora tuvo un tren que era admiración por el reto de funcionamiento; tuvo también el cable aéreo más largo del mundo en su época; admirada por las obras de ingeniería y belleza de su arquitectura, porque construir en este terreno escarpado y volcánico entraña una audacia para sus construcciones y vías.
Pero hay algo que une estas dos ciudades; la historia les ha regalado cierta similitud y valentía de raza; las une la acción del fuego y su característica destructora que no logró derrotar a sus habitantes sino que por el contrario hizo brotar inmensa valentía, fuerza de restauración y surgimiento; esto da un gran mérito a su historia que es preciso no olvidar sino resaltar.
Manizales estando en sus primeros años de gestación ciudadana vivió el azote de la década del 20 de tres pavorosos incendios que casi borraron del mapa su figura y existencia; sobre todo dos fueron inmensos y redujeron a cenizas casi toda la ciudad con sus edificios más emblemáticos y bellos; a ello se añade los repetidos sacudones de temblores y terremotos que tiraron al suelo bellas obras.
La ciudad de Chicago vivió con anterioridad algo similar pues el 8 de octubre de 1971 (hace hoy 143 años) quedó reducida a cenizas porque un devorador incendio la borró prácticamente del mapa del país del Norte, pero a su vez la tenacidad de sus habitantes, la capacidad para enfrentar la adversidad llevó a sus habitantes a resurgir y llegar a ser la importante y hermosa ciudad que es hoy.
Así estas dos ciudades están unidas en la historia por haber sido casi destruidas por el fuego y a su vez haber resurgido con valentía como el ave Fénix de sus cenizas; gracias a dirigentes responsables y valientes estas dos ciudades existen hoy prósperas y hermosas.
Un buen cristiano debe ser un buen ciudadano; por ello aprendamos a amar nuestra ciudad que tiene una historia digna de conocer, admirar e imitar; recuperemos el civismo que nos lleve a cuidar todo lo que tenemos y somos; cada uno debe ser vitrina viva de nuestra ciudad por su disciplina social, amabilidad fraterna, expresiones pacíficas ajenas al vandalismo o violencia.
Este día nos invita a proseguir la historia siguiendo la valentía de nuestros antepasados, el cuidado de la buena presentación de la ciudad, el resaltar las costumbres rectas, valientes, honradas, amables; siendo surtidor de costumbres cristianas que dan alegría.
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