Efrain Castaño


El sabio del suspenso, el hombre que atinó a mantener la atención y la curiosidad por casi dos horas seguidas, el genio que deslumbró al mundo con un estilo de drama que mantenía la búsqueda e interés hasta el final de cada una de sus películas, murió en Los Ángeles el 29 de abril de 1980: Sir Alfred Hitchcock.
Nació en Londres en 1899 y estudió en un colegio de Jesuitas; desde niño tenía ya la tendencia a ser callado pero con una expresión y narración que hacía nacer el interés sostenido y creciente; en 1922 está ya instalado en el cine creando algunas cintas que gustan por el género del suspenso; muy joven llega entusiasmado a Hollywood donde estará por mucho tiempo, pues el impacto que consigue es grande, el respeto que se gana con su género casi detectivesco, que involucra al espectador que entra en interrogantes interiores de principio al fin.
Con su firma llegó hasta las sesenta películas, todas con gran aceptación del público de todo el mundo; se le llamó "el mago del suspenso" por sus historias que captaban la atención de principio al fin y hacía entrar al espectador en la trama por medio de preguntas, posibilidades de solución a cada caso narrado.
Preparaba muy bien cada contenido, escogía con acierto los protagonistas de cada filme, usaba el claroscuro como parte del ambiente de misterio que traía en cada película; el final era casi siempre impensado pero de gran inteligencia y sorpresa; sus películas no se olvidan fácilmente porque dan pie para numerosos comentarios sobre el inicio, el desarrollo y sobre todo el inesperado desenlace.
Entre sus películas recordemos "sicosis" (obra maestra del suspenso), "topaz" y en 1940 "Rebeca" con la cual ganó en ese año el Óscar de la Academia mundial del cine; en 1980 la corona inglesa le agradece sus actividades artísticas y fílmicas con la "orden de gran caballero del imperio Británico"; a los pocos meses murió.
Era un hombre respetuoso en la vivencia religiosa, con una vida de Fe secreta, serena, de la cual no hablaba mucho ni en sus películas ni en su vida personal y familiar.
Ya enfermo, estando en el lecho y tratamiento, cuentan sus amigos y cercanos un hecho que rompe en su vida el suspenso y abre la confesión total de lo que ha creído, ha sido y quiere sellar para siempre.
A este serio hombre, recio y sereno se le vio llorar con emoción el día en el cual después de algunos años regresó a la práctica de su Fe; tras confesarse, recibir el sacramento de unción de enfermos y recibir la comunión como viático de fortaleza, lloró como niño de emoción y gratitud: "estoy feliz de ponerme en manos de Dios, de volver a la práctica eclesial, de quedar sellado como propiedad del Señor".
Así, sin suspenso alegre y emocionado llegó a la Gloria del Señor el maestro del suspenso en el séptimo arte; sellado para Dios fue su escena final. Aleluya.
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