Beatriz Chaves Echeverry


El anuncio de un proceso de paz con el grupo armado Eln me hace sentir optimista frente a la meta, tanto tiempo esperada, del fin del conflicto armado en Colombia. A este grupo guerrillero perteneció uno de los más emblemáticos personajes de la lucha armada en nuestro país; el cura Camilo Torres. Bogotano, hijo de un médico, educado en Europa, donde realizó sus estudios de Sociología, cuando ya se había ordenado como sacerdote, para ser más precisos en la Universidad de Lovaina, en Bélgica. A su regreso a Colombia fundó junto a Orlando Fals Borda la primera facultad de Sociología en Latinoamérica, en la Universidad Nacional de Colombia, de la cual también era capellán. Por su cercanía a la ideología socialista se ganó la enemistad de la clase política de la época, en pleno Frente Nacional, hasta el punto de obligarlo a dimitir de sus funciones tanto en la capellanía de la universidad como en la facultad que él había ayudado a crear. Era la época en que ser guerrillero era una cuestión de ideología y el padre vio en esta opción la única posible para alcanzar la justicia social en nuestro país. Al fin colgó los hábitos y tomó el fusil, para el cual probó tener mucha menos habilidad que la mostrada como líder ideológico y dicen sus biógrafos que cayó en su primer combate, el 15 de febrero de 1966 en Patiocemento, Santander.
Sus restos fueron “escondidos” por los militares de esa época, que pretendieron, al ocultar su cuerpo, también borrar su memoria, pero el recuerdo de Camilo no ha desaparecido y creo que por el contrario, al igual que el de otros líderes como Gaitán y Galán, se ha fortalecido con el pasar de los años. Me gusta hacer el ejercicio de tratar de imaginar qué pensaría este emblemático personaje del proceso de paz en Colombia; estoy segura que no estaría nada contento al ver que su pensamiento social-cristiano se haya desvanecido tras el flagelo del secuestro y el terrorismo, sin contar el narcotráfico que han practicado los grupos armados que se formaron con la bandera de luchar por el pueblo. Se murió a tiempo para no ver el esperpento ideológico en el que se convirtieron los grupos guerrilleros de nuestro país. ¿Y la justicia social que tanto anhelaba Camilo? Pues tampoco la hemos logrado; no es si no ver la cantidad de niños que han muerto en la Guajira por cuenta de los políticos y funcionarios corruptos, que se robaron la plata de los auxilios para la alimentación de los más indefensos, sin contar con el agua usada para que se produzca carbón y se rieguen los cultivos de los terratenientes, mientras la gente sufre por su escasez.
La guerrilla no funciona como opción de búsqueda de la equidad social, pero mientras no prevalezca en nuestro país una clase política con ética y valores, con sentido de justicia social, que no se venda por privilegios y que no robe, seguiremos lejos del país que queremos tantos colombianos de bien.
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