Beatriz Chaves Echeverry


El mundo conoce innumerables historias de lucha y de odio, pero las historias de superación no son tan difundidas, al menos no tanto como deberían ser. En este artículo les quiero compartir la historia de Kimani Ng’ang’a Maruge, un hombre que a sus 84 años decidió que tenía que aprender a leer y a escribir. Lo hermoso de la historia es que este hombre fue un guerrero keniano, perteneciente al grupo anticolonialista MauMau, de la tribu Kikuyo, principales protagonistas en la revuelta contra los ingleses, quienes ejercían el control de Kenia. Al estallar el conflicto independentista en 1953, miles de Kikuyos murieron y otros terminaron en campos de concentración ingleses, incluido el protagonista de esta historia. Finalmente la independencia de Kenia fue firmada y se estableció como república independiente en 1963, pero los conflictos no cesaron tan fácilmente, pues existían enfrentamientos entre las tribus que tomaron diferentes posiciones frente al colonialismo inglés.
Gracias al anuncio de educación gratuita para todos, Maruge decide que ya es tiempo de alcanzar su sueño de poder leer y escribir, así que contra viento y marea (pues la película evidencia los conflictos entre tribus) logra ser admitido en una escuela rural, donde, por supuesto los demás estudiantes son pequeños niños. El director Justin Chadwick, filmó en escenarios que corresponden al lugar donde vivió Maruge, incorporando niños locales para la filmación, lo que la hace más auténtica. También buscó como protagonista a un keniano, el exreportero Oliver Litondo, quien hace una magnífica interpretación del personaje, que sorprende por su autenticidad. Pero lo que deja en claro la película es la importancia de la educación como motor de cambio, tanto personal como social. Maruge resiste la oposición de uno de los profesores de la escuela, y cada obstáculo que le impone, él lo supera. También soporta la burla de los otros ancianos, ignora la distancia y las dificultades propias de su edad para llegar a la escuela, en fin, hace todo lo necesario para superarse y al final se vuelve un símbolo, no solo para su país sino para el mundo, pues es invitado en 2005 por Naciones Unidas para hablar sobre la importancia de la educación primaria gratuita.
Otro de los elementos que encanta de la película es la música; los cantos y bailes de los niños a la hora del recreo y su lema, muchas veces repetido “el lápiz es mi amigo”, permiten percibir que es una cultura donde los principales momentos de la vida están acompañados por un canto. La película tiene momentos de inmensa ternura y otros muy duros, cuando el protagonista rememora escenas de tortura y muerte.
Una de las enseñanzas que nos deja la película se da con la interacción de este anciano con los niños, a quienes les cuenta las historias de su pueblo y les transmite ese sentimiento de dignidad y respeto por su pasado. Esto es algo que tenemos que imitar nosotros como país, pues tenemos en nuestros mayores un tesoro que debemos aprovechar al máximo; ellos son libros de historia viviente y nos la quieren compartir, así que escuchémoslos; démosles el espacio que se merecen en nuestras familias y en nuestra sociedad.
Al volverse símbolo de su país, la frase que acompaña la imagen de Maruge es “La paz está en el lápiz” yo pienso que lo mismo se podría aplicar en nuestro país, si los dirigentes y empresarios que toman las grandes decisiones se dieran cuenta que hay que apoyar más la educación y la cultura, porque en ellas está el mayor potencial de cualquier nación y la verdadera semilla para la paz.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015