Beatriz Chaves Echeverry


En el camino espiritual, que para otros podría denominarse simplemente el aprendizaje, nos cruzamos con personajes que ponen a prueba nuestras cualidades o, más bien, nos permiten identificar aquellos aspectos sobre los cuales aún nos falta trabajar. La primera vez que tomé consciencia de su presencia y de su importancia en mi vida fue al leer un ensayo sobre Carlos Castañeda y su concepto de los pinches tiranos. Castañeda lo expone en términos del aprendiz espiritual que va a convertirse en guerrero, para lo cual requiere la presencia del pinche tirano. Don Juan, el emblemático personaje de los libros de Castañeda, afirma que el guerrero que se encuentra con un pinche tirano es afortunado y si no lo encuentra, debe ir a buscarlo. A mí me gusta más el concepto de entrenador, es menos drástico y también menos dramático, pero igualmente necesario. Para Castañeda lo que hay que vencer es la importancia personal, que define como el núcleo de todo lo que tiene valor en nosotros. Yo lo interpreto como todo aquello que nos hace sentir especiales o mejores que los demás, para algunos esto correspondería a la definición de ego. Cada quien lo puede interpretar de acuerdo a su propio marco de conocimiento, el hecho es que casi todos podemos coincidir en que llámese ego, importancia personal o cualquier otro nombre que se le adjudique, es una gran fuente de sufrimiento: además de lo anterior, también es todo aquello que nos hace sentir víctimas, nos releva de la responsabilidad de asumir nuestras propias decisiones y aprendizajes para entregarle nuestro poder a otro y convertirlo en el responsable. Es muy fácil culpar, es mucho más difícil asumir.
Lo importante es que tomemos consciencia de los entrenadores que la vida nos proporciona. A veces son los hijos; ellos nos ayudan a vislumbrar el amor incondicional y son magníficos fortaleciendo nuestra paciencia y erradicando toda traza de egoísmo de nuestros corazones. La vida en pareja puede ser un verdadero terreno de crecimiento espiritual que nos permite practicar la solidaridad, la lealtad y el perdón, entre otras muchas cualidades que requiere la construcción de una relación. Y la dispareja también; esa relación que nos empeñamos en mantener aunque sabemos todo lo negativo que trae a nuestra vida, hasta que no aprendemos a soltar a ese ser que no nos corresponde y aceptamos el aprendizaje. Los jefes suelen ser grandes entrenadores, especialmente cuando necesitamos una lección para doblegar ego.
Este país también es una fuente constante de entrenadores, nuestros políticos se la pasan retando nuestra paciencia y haciéndonos reflexionar sobre la importancia de la honestidad, ya que algunos de ellos sirven como contraste en el claroscuro panorama que nos rodea. Sobra decir que somos nosotros los que los hemos llevado a esos cargos de poder, así que no debemos cargarlos con nuestra culpa. En lugar de eso, la próxima vez que tengamos la responsabilidad de dar nuestro voto hagámoslo a conciencia; investiguemos y, sobre todo, no olvidemos, pues los políticos se aprovechan de nuestra mala memoria y de nuestra pereza para ser reelegidos.
La tarea es tomar consciencia y agradecer a nuestros entrenadores la invaluable oportunidad que nos dan al retarnos, mostrarnos nuestras carencias y obligarnos a ser mejores.
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