Luis Alfonso Arias A.


Conversé hace unos días con un amigo, reconocido industrial manizaleño, quien me contó las inmensas dificultades que vive para mantener la producción de su planta industrial. Y no solo él, sino la gran mayoría de industriales colombianos. Todo lo que acontezca en el país se ve reflejado en las cifras de la industria: orden público, dólar, impuestos, inflación, paros camioneros, economía, vías, desempleo, el alza del salario mínimo y hasta el mismísimo clima; cualquier tema que se nos ocurra citar afecta, para bien o para mal, la producción industrial del país.
Y mientras la economía colombiana va bien, el sector industrial va mal. En el año 2014 la economía, en su conjunto, creció el 4,6% impulsada por la construcción que creció 9,9%, servicios el 5,5%, actividades financieras e inmobiliarias el 4,9% y comercio el 4,6%. Pero el sector industrial apenas creció el 1,3% en el 2014. ¡Ojo!, en el año 2013 decreció el 1,9%; y peor aún, en los tres primeros meses del presente año ha decrecido el 1,9%.
Pues bien, frente a todo este complejo panorama la semana pasada se conoció un informe del Fondo Monetario Internacional, que puso el dedo en la llaga de los principales males que aquejan a la industria colombiana; y aunque todo lo que dijo ya lo sabíamos, no por ello hay que restarle importancia y conviene darle una mirada a los principales argumentos del estudio del FMI: Venezuela, China y México. ¿Y qué tienen que ver estos tres países con la industrial colombiana? Mucho, veamos.
Comencemos por Venezuela. A decir verdad, la situación política y la gravísima crisis económica del vecino país prácticamente acabaron con nuestras exportaciones a ese destino; y no son pocos los industriales que aún no se reponen de este golpe.
En segundo lugar está China, país que tiene mucho que ver con el desempeño de nuestra industria, como quiera que es aterradora su capacidad para producir a bajo costo y en cantidades exorbitantes; a tal punto pueden inundar los mercados con productos mucho más baratos que los nacionales, todo en detrimento de la industria nacional. Ni para qué tocar el tema del calzado, los electrodomésticos, la juguetería, entre otros.
Y en tercer lugar México, con quien el Tratado de Libre Comercio que suscribimos hace algunos años abonó la mala racha de la industria, pues el alto grado de desarrollo del sector automotriz mexicano, por citar un solo renglón, ha ocasionado que las ensambladoras colombianas reduzcan su participación en el mercado y que se haya dado paso a una gran ola importadora de autos de dicho país.
Pero ¿por qué no mencionaría el FMI otros hechos no menos importantes? Por ejemplo, las pesadas cargas tributarias (léase, altísimos impuestos) que asfixian no solo a la industria sino al resto del aparato productivo colombiano. Y qué tal el rezago de la infraestructura vial y los altísimos costos del transporte.
Es tan complicada y preocupante la situación de la industria colombiana, que en el año 2007 representaba el 14% de toda la economía nacional, mientras que en el 2013 solo representó el 11% del PIB. Ni siquiera con un dólar caro como el que tenemos y a pesar de las buenas expectativas que generó entre los exportadores, la industria ha sido capaz de levantar cabeza.
Urge pues un verdadero liderazgo oficial que sea capaz de sacar a la industria de la olla. Y no quiero ni imaginar los gravísimos efectos que tendrá la esperada reforma tributaria estructural, si optan por subir aún más los impuestos. Eso sería como echarle más sal a la herida.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015