Luis Alfonso Arias A.


El término Brexit corresponde a un acrónimo derivado de dos palabras inglesas: Britain, que refiere a Gran Bretaña, y exit que significa salida; palabras que unidas en una, Brexit, 'bautiza' la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.
Pero más allá de complejos análisis, conviene entender el tema con sentido práctico y sencillo. 'Con plastilina', como dice mi amigo Alberto Prieto.
Y no hay que ser experto para concluir que el Brexit puede ser una de las metidas de pata más grandes de la historia política y económica de Gran Bretaña. ¿A quién puede ocurrírsele semejante despropósito de aislarla del resto de Europa y del mundo entero?
La respuesta es fácil: a un grupo de 'líderes' irresponsables que solo buscan réditos políticos a costa de lo que sea. ¡Populismo puro! Así de simple. “La democracia de los ignorantes”, como lo definió el filósofo Fernando Savater.
Pero ¿cuáles eran los argumentos del Brexit? Sencillamente le 'vendían' al pueblo tres equivocadas ideas: (i) acabar con los acuerdos comerciales con otros países, como si los productos de Gran Bretaña no se vendieran en el resto de vecinos europeos; (ii) recuperar la soberanía, como si no tuvieran su propia autonomía territorial, política y económica... tienen hasta Reina; y (iii) retomar el control de sus fronteras y acabar con la libre circulación de trabajadores, como si quisieran construir la 'gran muralla inglesa'.
Desafortunadamente las ideas populistas calan en la gente. Para la muestra, miren la acogida del ideario de Trump en campaña. Es como si el discurso del Brexit lo hubiera copiado Trump... o viceversa. Hoy el populismo cala igual en la izquierda que en la derecha. Es lo mismo.
¿Y en qué nos afecta a los colombianos de a pie, comunes y corrientes, el Brexit? Hay que verlo desde dos ángulos. El primero en relación con las cifras que manejamos con Gran Bretaña, desde donde el año pasado provino apenas el 6% de la inversión extranjera, 3,4% de las remesas, 1% de las importaciones y a donde enviamos apenas el 1,7% de las exportaciones colombianas. Es decir, que si nos atenemos a estas cifras, el impacto del Brexit no se hará notar.
Otra cosa muy distinta es su efecto en la economía global, lo que no es fácil pronosticar debido a que aún falta un largo y tortuoso camino por recorrer. Veamos.
En primer lugar, Gran Bretaña debe enviar oficialmente una carta a la Unión Europea comunicándole la intención de retirarse, hecho que el primer ministro británico David Cameron evade pues pretende dejarle esa “papa caliente” a su sucesor.
En segundo lugar, cuando por fin se envíe la carta, seguirá un proceso de al menos dos años de negociaciones para definir los términos de su salida. Mientras tanto, Gran Bretaña seguirá perteneciendo a la UE.
Y cuando por fin se surta el trámite de rigor, llegará el trago amargo y difícil para Gran Bretaña: Renegociar la totalidad de tratados comerciales con los países de Europa y aquellos que ha suscrito la Unión Europea con el resto del mundo.
Definitivamente será la propia Gran Bretaña quien pierda en mayor medida con todo este capítulo de su historia. Los jóvenes británicos ya no podrán elegir ningún otro país europeo para vivir; saldrán muchas empresas del país; su economía se resentirá profundamente; la calidad de vida se verá afectada; y en medio de todo ello estará una potencia mundial alejada y aislada.
¡Qué gran paradoja!, mientras el planeta tiende a integrarse en lo económico, político y tecnológico, uniendo mercados, sociedades y culturas, los británicos dicen “no” y prefieren quedarse solos. ¡Qué torpeza!
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