Luis Alfonso Arias A.


Nuevamente el país se enfrenta a las discusiones sobre el salario mínimo para el próximo año. Ya es común, como en todos los años anteriores, ver noticias sobre las diferentes posiciones que surgen en torno al tema. Titulares de prensa, análisis en revistas, reportajes en radio y televisión. Y lo que no deja de sorprender es que todas estas noticias parecen calcadas a las del período anterior.
Si se hiciera el ejercicio de leer un periódico especializado en temas económicos, publicado el año pasado, o incluso de dos, tres o más años atrás, para conocer la noticia sobre la evolución de la negociación del salario mínimo, puede decirse que es como si leyéramos el periódico de hoy, ya que siempre la discusión es la misma. Los empleadores asumen su posición desde el punto de vista de sus costos laborales; los trabajadores por su parte, y con toda razón, ven las cosas desde el punto de vista del poder adquisitivo de su salario; y el gobierno casi siempre asume su posición, pero desde la óptica de la economía del país.
Este año el asunto tiene un ingrediente que no puede desconocerse, la inflación, la cual según los estimativos podría alcanzar hasta un 6%, sustentada en dos razones fundamentales: De una parte los efectos de un dólar que ha encarecido la importación de los insumos que requiere el país; y de otra los efectos nocivos del fenómeno de El Niño que ha encarecido los alimentos y amenaza gravemente con desbordar las tarifas de energía.
Todo lo anterior hace prever que este año la discusión estará más acalorada que en los anteriores, pues no es lo mismo negociar un alza del salario con una inflación del 1,94%, como la del año 2013, con la que el alza del salario para el 2014 fue del 4,5%, que una inflación del 5% o 6% como la que se espera para este año. Este será sin duda uno de los argumentos que los trabajadores defenderán.
Por otro parte, los empresarios comienzan a argumentar que un alza desmedida en el salario mínimo ocasionaría que la cifra de desempleo se incremente, puesto que las empresas dejarían de contratar nuevos trabajadores al tiempo que otras disminuirían sus plantas de personal. Es decir, argumentarán que un alza desbordada podría ‘destruir empleo’. Aunque algunos empresarios sostengan que una buena alza del salario mínimo genera un mayor consumo de los hogares, lo que en últimas jalona la economía.
En principio, se trata de dos posiciones que se alejan bastante de un posible acuerdo, pero que dejan ver desde ya una acalorada negociación en un momento en el que las perspectivas económicas del país no son las mejores.
Ahora bien, los trabajadores con justa razón argumentan la pérdida de poder adquisitivo de su salario, la difícil situación económica del país y la inflación particularmente acentuada este año. ¿A quién le gusta que su salario disminuya?, a nadie. Pero si miramos la inflación año corrido hasta el mes de septiembre, encontramos que alcanzó un 4,76%, frente a un alza del salario para este año del 4,5%. Es decir, que lo que subió este año el salario ya fue superado por la inflación, lo que significa que el salario para el 2015, en términos reales, no tuvo incremento.
Pero al final del camino sucede lo de siempre: El desacuerdo y un decreto presidencial firmado al finalizar el año, el mismo que le pone punto final a la discusión. A eso ya estamos acostumbrados.
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