Luis Alfonso Arias A.


Hace algunos años en este mismo espacio me referí a un tema similar al que hoy nos convoca, merced a las valiosas inquietudes y atinados comentarios que don Efraim Osorio hizo en octubre de 2009 acerca de un hecho que sonaba con insistencia y que tenía relación con el “crecimiento negativo” de la economía.
Comentaba don Efraim en su columna que hablar de crecimiento negativo “es una contradicción” y que según su raciocinio “dentro de lo que pueda abarcar el signo matemático negativo (-) todo crecimiento debe ser positivo”. A don Efra le asistía toda la razón pues el tan mencionado ‘crecimiento negativo’ de aquella vez, era más bien un ‘decrecimiento’ de la economía colombiana en un período determinado.
La remembranza cae como anillo al dedo, ya que desde la pasada semana viene sonando con la misma insistencia un tema similar pero esta vez relacionado con la “inflación negativa”, referida en innumerables noticias de prensa como resultado de la información revelada por el DANE según la cual los precios de la canasta básica familiar se redujeron en agosto un 0,32%.
Y es que desde el año pasado las alarmas están prendidas con la inflación colombiana, pues se ha salido de todos los pronósticos. Las autoridades económicas esperan que la inflación se sitúe este año en un rango entre 2% y 4%, pero en agosto ya alcanzó el 8,1%. ¿Qué significa esto? Sencillamente que los precios de los bienes y servicios de la canasta básica familiar, es decir alimentación, salud, educación, vestuario, transporte, esparcimiento y otros, se han encarecido más de lo esperado, doblando anticipadamente la meta que en su momento trazó el Banco de la República.
Pero contrario a esa tendencia alcista que viene desde el año anterior, la cifra de agosto pasado fue negativa, es decir que en vez de continuar el alza de los precios, éstos bajaron un 0,32%; y aunque se trate de una cifra aparentemente pequeña, la verdad es que resulta muy significativo el hecho de romperse la tendencia alcista; que de continuar así el resto del año, volvería ciertas las palabras del Ministro de Hacienda que la semana pasada dijo al respecto: “Le hemos quebrado el espinazo a la inflación”. Y todos esperamos y confiamos que así será.
Ahora bien, si aterrizamos en el significado estricto del término, no podemos perder de vista la definición que le otorgan instituciones del orden mundial como el FMI o el Banco Mundial, por citar solo dos, según la cual la inflación es la “tasa de aumento de los precios en cierto período de tiempo”. Es decir que hablar de inflación, estrictamente se refiere al incremento en los precios.
Entonces, si en el mes de agosto los precios bajaron en Colombia, no es correcto utilizar el término ‘inflación’ ni mucho menos adornarlo con signo negativo. Eso sí, hay que aclararle a todos los amables lectores y por supuesto a los economistas académicos rigurosos, que tampoco podría utilizarse el término ‘deflación’, que significa lo contrario, pues para ello sería necesario que la reducción de precios fuera sostenida y generalizada por dos periodos consecutivos de al menos 6 meses cada uno. Aunque algunos países difieren en el número.
Por ello, aunque la ‘inflación negativa’ se entienda en el lenguaje técnico y quizás sea aceptable desde el punto de vista de las matemáticas (y por supuesto de la economía), conviene tener las cosas claras a la hora de referirnos al tema. Y para no ir más allá, es mejor decir a secas que los precios bajaron en agosto el 0,32% y punto, así como correctamente lo expresó el DANE en su boletín técnico.
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