Juan Carlos Arias Duque


La era iniciada por Reagan y Thacher a comienzos de la década de los ochenta se redefine en esta época del Brexit-Trump, en la medida en que han hecho crisis los esfuezos integracionistas y cooperacionistas por diferentes razones, entre otras porque algunos de los países involucrados se han resentido con los efectos internos de la liberalización del comercio y la desregulación de las economías con sus consecuencias desaceleratorias y sus graves efectos en la reducción del empleo, y por la presión política y económica ejercida por los países que se encuentran por fuera de dichos pactos, en muchos de los cuales hay guerra y desigualdad y por tanto son productores de migrantes indeseables para los países ricos.
Todo parece indicar que se insinúa el inicio de la desintegración de la Unión Europea y de los grandes tratados multilaterales de libre comercio, e incluso de esfuerzos de cooperación militar como la OTAN, y se le apuesta al fortalecimiento de las economías nacionales con esfuerzos domésticos de saneamiento de los efectos de la globalización, con consecuencias impredecibles en la geopolítica internacional, entre otras, el reavivamiento de tensiones que se habían logrado aquietar, con China como eje central, aquél país que se volvió la potencia mundial en el escenario de la globalización.
Ese equilibrio se dará entre fuerzas de naciones que se prepararon para la globalización de la economía que lucharán de manera diferente por el comercio internacional y que, como China, hoy empiezan a ver en peligro la supervivencia de su creciente industria, y comenzarán a presionar la forma de llegar a los espacios que otros dominan, más aún cuando este país es el principal tenedor de los bonos de deuda pública norteamericana, que con el poder económico que dicha situación le otorga, buscará marcar el nuevo orden mundial.
Ya se habla de la desfinanciación de la ONU, y qué no decir del sistema interamericano de derechos humanos, y así mismo de la Corte Penal Internacional que ha recibido un duro golpe con la decisión de retiro por parte de Rusia, Filipinas, Kenia, Sudáfrica, Burundi, Namibia y Gambia que amenaza con convertirse en desbandada del bloque completo de los 54 países africanos, con lo que se daría una estocada al derecho penal internacional, sin contar con que algunos miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como Estados Unidos y China no han suscrito el Estatuto de Roma.
En ese escenario de conflicto comercial extremo y de replanteamiento estratégico del mundo en general, seguramente habrá mayor indiferencia con lo que suceda con los Estados que buscan salir de sus situaciones de guerra interna y por ello la justicia transicional tendrá la oportunidad de la historia para mostrar sus beneficios; lo que además deberá ser leído y aprovechado con especial cuidado por nuestros líderes, quienes tienen la obligación de acertar en la formulación del mapa que marcará nuestra ruta en este mar de incertidumbres y miedos.
Por el momento, el país disfruta la terminación de la guerra con las Farc-Ep por medio de la justicia transicional, y observa esperanzando la incuestionable reducción de la violencia causada en el conflicto armado y la llegada de guerrilleros a las zonas veredales de concentración, así como el anuncio del inicio de la fase pública de la negociacion con el Eln. Y, en municipios del oriente de Caldas como Samaná, Pensilvania, Marulanda y Manzanares, se sienten los efectos de los nuevos vientos de paz que están devolviendo la esperanza a sus pobladores, que sueñan, como lo decía Darío Echandía, con volver a pescar de noche.
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