Juan Carlos Arias Duque


En el paso del animal hacia el humano el hombre ha venido cambiando, tanto en lo físico como en lo psicológico y por eso el origen y la explicación de nuestros comportamientos se escrutan en nuestro pasado animal, de lo cual se ocupan la psicología comparada y la etología. Como consecuencia del caminar erecto, la gravedad hizo que el cerebro se extendiera y ese crecimiento le otorgó unas facultades diferentes a las de los animales, hasta llegar a tener la capacidad para hacer juicios morales, momento en que el humano se diferenció de su antepasado “irracional”. Pudo tardar millones de años en ello.
Aquellos instintos de agresividad y fiereza que vamos dejando atrás, fueron siendo reemplazados por valores construidos en sociedad, tales como la tolerancia.
Ahora bien, por los efectos de las difíciles condiciones históricas que hemos padecido, los colombianos conformamos una sociedad martirizada, atormentada, mortificada y rabiosa, pero es imprescindible entender que tenemos que avanzar, salir de los ciclos o círculos viciosos de violencia-venganza y más violencia. El avance hacia los espacios de tolerancia es un supuesto de la evolución, de la aptitud para mejor vivir.
Es obvio que es más fácil permanecer en el mismo sitio, en el que se relamen las heridas con quejidos y amenazas, con pretensiones de responder con más violencia, que movilizarse y avanzar. Es más sencillo alimentar el miedo, la rabia y la venganza que la esperanza. Pero, aún sin nosotros la sociedad humana seguirá avanzando hacia un espacio en que los instintos animales que vamos abandonando, quedarán más y más atrás.
También las religiones nos muestran el proceso evolutivo a su manera, en el que se pasa de un estado a otro y el ascenso va dependiendo de varias condiciones. Nos advierte a los cristianos que la única condición para avanzar hacia un más allá de felicidad es la infinita vocación hacia el perdón. La advertencia del Nuevo Testamento está dada en que seremos perdonados solo en la misma intensidad en que lo hagamos con quienes nos han dañado, en un claro mensaje del sentido de la evolución, vale decir, se es más humano, más perfecto, más cercano a la divinidad, en tanto más capacidad de perdonar se tenga; y el perdón se identifica como el más elaborado acto de amor.
Por su parte, la razón nos va mostrando que tenemos una tendencia innata hacia el bienestar, y en esa dirección se desarrolla el conocimiento, a mejorar y facilitar las condiciones de vida de los humanos. La biología, la religión y la razón nos muestran lo mismo.
La evolución es inevitable, y solo va escogiendo a los más aptos para sobrevivir e imponerse sobre los que no lo logran, y la inteligencia está identificada como la capacidad de adaptación.
Así, es más sensato vincularse a la movilización en la que se dejen atrás los dolores y las culpas y seguir hacia la reconciliación, vale decir, ese escenario en que se logre una nueva conciliación, una más justa; es más inteligente mirar hacia el futuro para preguntarse por la forma en que se pueden mejorar las condiciones de vida, para lograr más alegría y bienestar, que retorcerse en el hedor mortecino del pasado, y obviamente más compatible con nuestro compromiso religioso. Seguir adelante es un presupuesto de la supervivencia, si nosotros no lo hacemos con seguridad sí lo harán nuestros descendientes con un sentido más pragmático. Seamos los que veamos ese nuevo amanecer, en el que, ciertamente con muchas dificultades, podamos presenciar un resto de vida con algo de felicidad. Superemos el instinto, derrotemos la rabia, pensemos con inteligencia.
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