Fanny Bernal Orozco


Dicen que Diógenes iba por las calles vestido con harapos y durmiendo en los zaguanes. Cuentan que una mañana, cuando estaba amodorrado todavía en el zaguán dónde había pasado la noche, pasó por aquel lugar un acaudalado terrateniente.
-Buenos días -dijo el caballero.
-Buenos días -contestó Diógenes.
-He tenido una semana muy buena, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.
Diógenes lo miró en silencio sin hacer ni un movimiento.
-Tómalas. No hay trampa. Son más y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.
-¿Tú tienes más? -le pregunto Diógenes.
-Claro que sí-contestó el rico -muchas más.
-¿No te gustaría tener más de las que tienes?
-Sí, por supuesto que me gustaría.
-Entonces, guárdate estas monedas porque tú las necesitas más que yo.
Algunos cuentan que el dialogo siguió así:
-Pero tú también tienes que comer y eso requiere dinero -insistió el caballero.
-Yo tengo una moneda -y la mostró- y me bastará para un tazón de trigo para hoy por la mañana y quizás algunas naranjas.
-Estoy de acuerdo. Pero también tendrás que comer mañana…y pasado mañana y al día siguiente…¿De dónde sacarás el dinero mañana?
-Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que viviré hasta mañana, entonces quizás tome tus monedas.
Del libro: Déjame que te cuente (RBA-Integral), de Jorge Bucay.
Existen pocos seres humanos como Diógenes; a decir verdad no son éstos los pensamientos que ocupan la mente de algunas personas, en realidad es más frecuente que se piense como el acaudalado terrateniente. El mundo no ha hecho demasiados cambios respecto a los valores del tener y el acumular, es éste por el contrario, uno de los propósitos de vida más importante de la sociedad actual. Y es que la percepción del tiempo es diferente, cuando se piensa en el hoy y en el ahora, a cuando se cree que se cuenta con todo el tiempo para vivir y disfrutar de las cosas que se tienen, esa sensación de eternidad no es cierta y por el contrario es engañosa y poco se piensa en lo frágil y vulnerable que resulta la vida.
Hace poco en una reunión con personas viudas se comentaba como habían vivido 30, 45, 60 años con su pareja y al momento de la muerte, a pesar del tiempo compartido, quedaron muchas cosas por hacer, tareas pendientes, tiquetes comprados, una casa sin estrenar, un jardín para podar y abonar, nietos para cargar o más aún, tiempo entre los dos para conversar y compartir.
Tener certeza de la importancia del tiempo es necesario cuando se analiza la existencia, hay personas que no logran disfrutar lo que tienen y otras no alcanzan a gastarse lo que han guardado. Las hay con gran amargura que no saben aprovechar lo que tienen y el miedo a perder, los hace infelices y temerosos.
Dicen que Diógenes vivía feliz, no tenía nada, absolutamente nada que perder, contaba con una gran capacidad para la ironía y se dio el lujo de rechazar los ofrecimientos que otros le hacían pensando que estaba sufriendo, según él, los equivocados, pobres, insensatos e infelices eran todos los demás.
-Le invito a que piense ¿cómo sería su vida si emulara a Diógenes? ¿O cómo sería si fuera un acaudalado terrateniente? ¿Con cuál de estos personajes se siente más identificado y podría ser mejor persona y de paso beneficiar su entorno más cercano? Preguntas éstas que le apuestan a generar alguna reflexión, en un mundo que requiere de más actos generosos y humanizados en el momento presente al fin y al cabo, ¿Quién tiene la certeza de contar con vida el día de mañana?
*Psicóloga
Docente Universidad de Manizales
fannybernalrozco@hotmail.com
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