Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
La violencia en las familias es un problema que afecta a todos sus integrantes. De puertas hacia adentro suceden diversas formas de agresión: golpes, heridas, insultos empujones, chantajes, humillaciones, amenazas, robos, abusos, que aquejan la salud física y emocional. Son muchos los factores que inciden en ello, el uso de alcohol o de drogas, maltrato físico y actos de abuso vividos durante la niñez o haber sido sometido al abandono de parte de padres o cuidadores.
Rogelio, a sus 14 años, expresa: “Recuerdo que pase muchas noches metido debajo de la cama. Cada que mi papá llegaba, cogía a mi mamá del pelo y la arrastraba. Yo era el mayor de tres hermanos, siempre temblábamos esperando lo peor, por eso me vine de la finca. Me hacen falta mis hermanos, pero tengo una ira muy grande con mi papá, a veces quisiera matarlo”
Pocas veces un adulto maltratador piensa en el daño que sus actos generan en el resto de la familia, en esta historia, el miedo y la rabia, han dado origen a la venganza y a la huida del entorno familiar. La violencia en las familias destruye la niñez, la adolescencia y el proyecto de vida de las personas que viven o presencian estos hechos. Los actos violentos tienen consecuencias difíciles de cuantificar en lo económico, educativo, en la salud pública y mental, en el presente y en el futuro de las familias, comunidades afectadas y sociedad en general.
Los actos de violencia ocurridos en las familias requieren de una atención responsable del Estado y las instituciones educativas y de salud. Se hace imprescindible observar y reflexionar acerca de la manera cómo las personas se relacionan, se comunican, asumen los conflictos, los roles, las obligaciones, los valores, los límites, los hábitos, el cuidado y el uso del poder y la autoridad tanto con las parejas como con los hijos.
Hay situaciones que exacerban emociones como la rabia, los celos, el odio, la venganza y a estas reacciones se suma la intolerancia y la ausencia de autorregulación emocional. Así por ejemplo, cuando por causa de la violencia el desenlace es trágico, salen a relucir justificaciones o señalamientos de diversa índole. Todo el mundo se siente con derecho a opinar y pocos con deseos de apoyar y, generalmente, se llega hasta la revictimización. Hay pobre conciencia de que se requiere ayuda profesional para salir de los círculos de dolor y de odio. Esta no es una tarea en solitario y es allí, cuando el Estado y sus entes, tienen la obligación de intervenir contundentemente.
La violencia en las familias es el primer impedimento para la paz. En esos espacios íntimos se vulneran los derechos fundamentales todos los días, ante la indiferencia de autoridades y familiares cercanos. Cuando en distintos discursos se habla de vivir en un mejor país, es fundamental sumar e incorporar la prevención de la violencia en las familias como un eje fundamental que le apueste a trabajar las memorias emocionales surgidas de las historias de violencia. Este es uno de los caminos para aprender a sanar y a vivir en mejores condiciones mentales.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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