Fanny Bernal Orozco


Esta es una sociedad Exp, pasa mucha parte del día y de la noche exponiendo su vida a los demás y también expiando qué hacen los otros. Cuando exponen, cuentan casi todo lo que hacen, se exhiben en diferentes poses, su mundo cotidiano es conocido sin reparos y se jactan de tener innumerables seguidores, se cuidan de salir en las redes con ropas distintas, se maquillan y se adornan para mostrarse en esa gran vitrina, que a su vez otros, expían de manera enfermiza. Exponen, rostros, trajes, joyas, armas, viajes, parejas, trabajo, amigos, comidas, intimidad sexual, compras, marcas, problemas, rumbas, peleas, insultos.
El asunto de respetar la intimidad para algunas personas, hoy ya es algo obsoleto y en desuso, cada día los medios tienen nuevas y mayores exigencias, las que hay que asumir para seguir en la absurda carrera de la aprobación y el reconocimiento que también da a conocer la fragilidad y vulnerabilidad emocional de quienes de manera adictiva y en ocasiones hasta compulsiva, hacen uso de las redes sociales.
Narcisismo, vanidad, arrogancia, soberbia, características de las personas que se exhiben y que compiten con otros, mostrando lo que tienen, hacen, piensan, necesitan, y sienten, y así enfermos de engreimiento, alardean de su vida y sobrevaloran lo que otros conocidos y desconocidos comentan. Muchos seres humanos no están preparados para leer lo que les escriben, menos aun cuando son opiniones vulgares o llenas de veneno, amenazantes o de burla a cualquiera de sus características físicas, o manifestaciones emocionales.
Darío, comenzó a mostrar fotos de las salidas con sus amigos, al principio fueron pocas y tímidas, posteriormente fue perdiendo el temor, un día del año anterior, comenzaron a burlarse tanto de él que decidió cancelar su uso y expresa que siente miedo cuando en la calle lo miran, pues cree que todo el mundo sabe sus secretos.
Tanto exponer, tiene en ocasiones consecuencias que afectan de manera nociva la seguridad y la autoestima, los secretos dejan de ser secretos cuando se los cuenta a otra persona en este caso son demasiados los ojos que observan y escudriñan fotos y palabras. Cabe aquí la siguiente pregunta: ¿Qué pasa al interior de alguien cuando requiere exhibirse de esa manera y poner en riesgo su salud mental, emocional y a veces hasta la vida?.
Susana, joven de 20 años, se considera adicta a las redes, duerme cada vez menos y expresa que no tiene tranquilidad hasta tener la certeza de que su expareja ya se ha desconectado, solo así, afirma puede dormir sosegada; su infierno inicia de nuevo al siguiente día, cuando comienza nuevamente el ritual de expiar y la agobia el imaginar con qué persona él está conversando, ya inclusive buscó ayuda profesional y está tomando tranquilizantes.
Existe una inmensa necesidad de atención de saber cómo los ven los otros y se sienten felices con un –‘me gusta’- aunque esta mecánica y hueca frase, solo sea el fruto de la enfermiza sociedad Exp.
Lo peor es que gritan de felicidad con esa frase. ¿Cómo será entonces su autoestima?
*Psicóloga - Docente Universidad de Manizales
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