Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
A algunas personas las llena de nostalgia cuando hablan de la manera como antes se celebraban las navidades. Hoy muchas tradiciones se han perdido y lo que más importa es comprar y gastar, aunque no haya el dinero suficiente para ello. No interesa cómo o con quién se endeuden, ese placer del tener es como una poderosa droga. Las cosas hay que conseguirlas y ya vendrá el día que haya que saldar cuentas, por ahora hay que comprar y gastar, sin pensar en las consabidas consecuencias que estos comportamientos ocasionan.
El verbo consumir es conjugado con más frecuencia, se adquieren cosas que no se requieren, se inventan necesidades, se motivan ilusiones, se venden paraísos, todo el día están llegando mensajes que invitan a comprar, a endeudarse, a satisfacer los sentidos con artículos en los que jamás siquiera se ha pensado.
Es un mundo para el que pocas personas se han preparado, se necesita un sano discernimiento, de lo contrario, la Navidad se puede tornar en una época difícil de celebrar, debido al consumismo. Lejos están los tiempos en los cuales era más importante encontrarse, reunirse, conversar, recordar y compartir.
Isabela comenta que en su hogar se dan cita sus hermanos con sus familias y, aunque está en su casa, siente mucha ansiedad cuando llegan estas fechas y los visitantes: “en estos encuentros solo se habla de dinero, de viajes, de dónde compraron los regalos y cuánto costaron. La abierta de presentes la noche de Navidad es como una competencia entre los precios y la ostentación”.
Maritza, por el contrario, cuenta que añora todo el año la Navidad. En su hogar, este tiempo es sagrado. Son siete hijos y todos viajan y se encuentran en una casa que sus padres tienen en el campo. Su madre ya lleva dos años de fallecida, no obstante, tratan de continuar con sus enseñanzas, por ejemplo, con las comidas, las que comparten también con las personas que trabajan en la finca como una manera de enseñar solidaridad: “mi madre era alegre, le gustaba la música y se levantaba a cantar. Ella era la alma de los encuentros, siempre tenía tiempo para todo. Su rostro resplandecía al arreglar el pesebre y empacar los regalos”.
Luis José, por su parte, tiene la imagen de su padre caminando con los cuatro hijos buscando musgo para hacer el pesebre. En el camino se sentaban a comer y a observar árboles, plantas, animales, etc. Era una travesía que todos disfrutaban, era como un viaje de descubrimiento: “Papá sabía mucho del campo y, además, era un gran contador de historias. Lo mejor era que el pesebre siempre era diferente y visitado por los vecinos para admirarlo. Yo me sentía muy orgulloso”.
Estos retazos de memorias son un ejemplo de los cambios. Hoy no existe ni el asombro ni la sorpresa y, en muchos hogares, ni siquiera saben que es eso del espíritu de la Navidad.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015