Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Lo que ha sucedido con Piedad Bonnett, periodista y escritora, es inaudito, máxime si proviene de un estudiante y un docente de una prestigiosa universidad de la capital. El suicidio del hijo de Piedad Bonnett y la travesía de su dolor, narrado en su libro Lo que no tiene nombre, puso de manifiesto el sufrimiento por el que pasan familias enteras cuando se viven estas experiencias, además de los acontecimientos médicos, psicológicos y emocionales que rodean tales hechos.
Sus palabras: “Sé que en determinados momentos mi dolor me acerca a la locura. También hay brevísimos instantes de lucidez, de comprensión: no, Daniel no volverá jamás. Es, como si esta palabra afectara una parte de mi cerebro, que hace que me abisme a un estado desconocido, imposible de descubrir con palabras exactas”.
Quizás a algunas personas les sea difícil conectarse con el dolor de los demás y respetarlo y jamás han pensado cuanto pude demorar un hecho de esta naturaleza para sanar, como tampoco que las palabras de burla y mezquindad pueden abrir heridas que apenas estaban comenzando a cicatrizar.
Para algunos colombianos, la mezquindad, la ironía, la burla, el desprecio, la falta de compasión y de empatía, hacen parte de su esencia personal. A pesar de ello, hay muchos gestos de paz de los cuales los seres humanos pueden apropiarse. Hoy, más que nunca, se requiere clamar porque en los escenarios académicos, docentes y estudiantes, cultiven valores que nutran la dignidad y el respeto por todos los seres humanos, más aún cuando son sobrevivientes de un hecho dramático como es el suicidio. Piedad, por Piedad.
NOTA: La semana anterior por una distracción quedó la columna sin el final ni conclusión, los cuales plasmo a continuación.
Hombres que desde tierna edad cargan fusiles y se entrenan para una guerra en la cual el enemigo tiene su misma edad, hasta puede ser su vecino. También está privado de tener sueños e ilusiones y que así mismo, han dejado de lado la posibilidad de asumir una vida diferente, porque amenazados y amenazantes, están confinados a vivir sin libertad.
Los gestos de paz no son actos simbólicos que realizan otros; forman parte de una apuesta en la que las relaciones que se tejen con las demás personas están edificadas y fortalecidas con valores humanos y humanizantes, todo a fin de que las diferencias o discrepancias se conviertan en motivo para usar el dialogo y no para esgrimir las armas y la violencia.
La paz es aprender a respetar los derechos propios y ajenos, en los escenarios familiares, académicos, laborales, entre otros. Es invertir tiempo en cultivar el amor universal, la compasión y la bondad de corazón. Al respecto, el autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, afirma: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”. Los gestos de paz, son ante todo, un merecido homenaje a tantas víctimas.
-¿Y usted que lee esta columna, cuáles son sus gestos de paz?
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015