Fanny Bernal Orozco


El suicidio en Colombia, es un problema de Salud Pública. En algunos establecimientos educativos, profesores y directivas no saben cómo abordar este asunto tan delicado para la comunidad. Con cierta frecuencia algunos adolescentes expresan que quieren quitarse la vida, por situaciones familiares, económicas, conflictos con las parejas, o por hechos que están relacionados con su mundo interno. Sin embargo son múltiples las situaciones que provocan que un acto de esta magnitud se lleve a efecto.
Cuando en una familia alguien ha tratado de suicidarse, suelen ocurrir diversas reacciones: rabia, miedo, culpa, desasosiego, desconcierto, y aunque hay necesidad de hablar de lo ocurrido, la mayoría de las veces se callan y esconden las emociones, es un asunto vedado por temor al estigma, por culpa o por vergüenza. Lo sano es que es necesario hablar de lo que ha pasado, ya que los familiares quedan afectados y requieren tanto apoyo como la persona que lo ha intentado.
Algunas personas que han intentado suicidarse sienten pena ante los demás por lo que han hecho y creen que los demás los miran con reproche, furia y desaprobación, por las aflicciones que ha generado este suceso en los seres que le rodean. Clara Inés en los últimos tres años, ha estado hospitalizada dos veces por haber atentado contra su vida y refiere: “Es algo fuerte dentro de mí que me lleva a hacerlo y cuando veo a mi alrededor a los seres que amo, siento vergüenza y también ganas de que este sufrimiento acabe para todos.”
Hay familias que luego de esta experiencia, viven una vida emocional llena de sobresaltos, desasosiego, con miedos y con una idea fija que ronda sus pensamientos: Ignacio padre de una adolescente de diez y siete años, comenta: -“Pocas veces desde que hizo el primer intento mi esposa y yo hemos dormido bien, en la noche nos levantamos a observar su cuarto, no, es más que eso es a espiar que no haya sucedido nada y al otro día nos decimos, hoy todavía sigue viva nuestra hija”.
Hay familiares que toman el episodio suicida como un acto de venganza contra ellos y comienzan a preguntarse, qué fue lo que hicieron o dijeron o qué les faltó por hacer, o expresar. Y en sus mentes aparecen recuerdos, fechas, lugares, palabras, gestos, actitudes, encuentros, y todo lo que antes era simple se torna de un instante para otro en complejo e incomprensible, lleno de dudas, de interrogantes, de sinsabores.
En los gestos suicidas, hay también una gran dosis de rabia y resentimiento, parejas, amigos y demás familiares, consideran en algunas oportunidades, que la persona que tiene estas conductas no siente consideración, respeto, ni el suficiente amor por ellos, es más, se sienten defraudados. Mario comenta que su esposa lo engañó y además lo abandonó, aunque siempre le dijo que era el ser que ella más amaba, que para ella él era la persona más importante sobre la tierra, -como ahora se atrevió a hacerme esto, a dejarme solo, esto jamás se lo voy a perdonar-. Muy posiblemente en medio del aturdimiento que ocasiona vivir una experiencia de esta índole, se expresen muchas frases cuyos contenidos no son los más coherentes, por lo tanto hay que saber que estas palabras surgen de la impotencia, del miedo y del dolor que se cierne sobre este tipo de tragedias. Dolor, rabia, culpa, vergüenza, miedo, incertidumbre, danzan en la mente de las personas cercanas, que necesitan que se les comprenda y no que se les juzgue. A propósito Piedad Bonnett, en el libro, Lo que no tiene nombre, en el cual hace un homenaje a la memoria de su hijo muerto por suicidio, escribe:
“Dani, Dani querido. Me preguntaste alguna vez si te ayudaría a llegar al final. Nunca te lo dije en voz alta, pero lo pensé mil veces: si, te ayudaría, si de ese modo evitaba tu enorme sufrimiento. Y mira nada pude hacer. Ahora, pues, he tratado de darle a tu vida, a tu muerte y a mi pena un sentido. Otros levantan monumentos, graban lápidas. Yo he vuelto a parirte, con el mismo dolor, para que vivas un poco más, para que no desaparezcas de la memoria. Y lo he hecho con palabras, porque ellas, que son móviles, que hablan siempre de manera distinta, no petrifican, no hacen las veces de tumba. Son la poca sangre que puedo darte, que puedo darme”.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015