Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
El maltrato al que son sometidos algunos viejos en nuestro país por personas de su familia es asombroso. Son objeto de vejámenes y humillaciones de diferente índole. Estas van desde insultos, empujones, golpes, gritos, robos, hambre y, en ocasiones, hasta la muerte, hechos que suceden bajo la mirada indiferente o temerosa de otros familiares.
Algunos viejos no tienen cómo defenderse, ni tienen quien los proteja. Viven con el miedo en su mirada y ante las amenazas a las que están subyugados. No sienten el valor para contarle a nadie lo que les sucede -menos aún- para denunciar ante las autoridades.
Aunque como decía Manuel, de 72 años: “Crie cinco hijos (tres hombres y dos mujeres). Los eduqué con mi mujer, que murió hace cinco años. La hija menor ya tiene dos hijos, no tiene esposo, yo los mantengo con mi pensión y tengo una ebanistería dónde todavía trabajo. El nieto de veinte años no quiso estudiar ni hacer nada. Se roba lo que encuentra y yo vivo todo el tiempo amenazado. No se le puede reclamar, porque comienza a insultar y a veces se le une la mamá, quién lo defiende. Esa es mi vida ahora”.
La Constitución Política de Colombia, en su Artículo 46, dice: El Estado, la sociedad y la familia concurrirán para la protección y la asistencia de las personas de la tercera edad y promoverán su integración a la vida activa y comunitaria.
De igual manera, la Ley hace énfasis en que los hijos mayores de edad tienen la obligación de velar por sus padres en todos los asuntos concernientes a alimentación, alojamiento, cuidado en salud y recreación, entre otros. Máxime cuando las condiciones particulares de ellos así lo requieran. Muchas personas desconocen la ley, y quizás no saben que estos derechos hay que respetarlos.
Los viejos son vistos como un estorbo, solo son importantes para la familia los días de pago si tienen pensión. Si no hay dinero, son otro gasto más que genera rabia y desazón. La familia es poco sensible ante los cambios físicos y emocionales de los viejos que requieren de cuidados. Si en cambio todavía gozan de buena salud, como mínimo, necesitan del respeto y la consideración de las personas con las cuales comparte su techo.
En algunos hogares, la abuela de más de 70 años tiene que levantarse para la cocina si quiere comer: “que se gane la comida, que trabaje”, a pesar de que el mercado se compra con el dinero de ella. ¡Que vejez tan triste, no tienen tiempo para recoger lo que sembraron!, o como dijo Carmela en una consulta: “esto que vivo no fue lo que yo enseñé”. Falta mucha conciencia y compasión, cuando a los viejos se les hace a un lado, se les ignora, se les maltrata o se les pega.
A propósito: ¿Usted cómo quiere ser tratado cuando llegue a viejo?
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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