Jaime Enrique Sanz Álvarez


No voy a presumir de haberme leído a fondo todo el texto de los acuerdos, puesto que la primera ojeada que le di, me permitió ser selectivo y aplicarme a unos asuntos puntuales, sirvió pues, para corroborar deducciones ya hechas de lo conocido que, me inclinan por el No al plebiscito. Conclusión que no es fácil, pero viene impuesta por la dirección que se le ha dado y la estrategia diseñada que, obliga a pensar y pesar, si es correcto y conveniente que la desmovilización de un grupo guerrillero -terrorista y narcotraficante- el más antiguo e importante de los distintos grupos violentos que azotan a Colombia, justifique todo lo que a cambio se les da.
De entrada queda claro que el dilema paz o guerra no existe, pues no se trata de una guerra sino de un conflicto y, mucho menos su apaciguamiento nos trae la paz que, no se alcanza con todos los frentes de las Farc, pues también es evidente, un porcentaje de guerrilleros aún no cuantificado, pero señalado, no se desmovilizará y, además, parte de su estructura seguirá activa en manos de los disidentes, especialmente el narcotráfico y la minería ilegal, fuente innegable de la violencia.
La lectura de los acuerdos me permitió señalar unos asuntos como dañinos e inaceptables. Desde luego, por desgracia la refrendación no se hace mediante un referendo que me permitiría rechazar únicamente los asuntos señalados como inaceptables, sino un plebiscito en donde debo tomar o rechazarlo todo, pues responderé como debo, dando un No como respuesta al apoyo (¿) solicitado. No aprobando los acuerdos porque a mi juicio, la impunidad, la participación política con curules gratis o con el voto sin pagar la pena por los delitos atroces y la falta de reparación a las víctimas, hacen más mal que bien a nuestra democracia. Lanza además un inaceptable mensaje de tolerancia con el crimen que, destruye muchos de los principios básicos de convivencia en una sociedad organizada.
Como si fuera poco lo que se les da, debo anticipar mi rechazo a la forma abusiva con la que se pretende lograr las mayorías para el Sí.
Lo primero fue tomar la paz como bandera, de donde resulta que los diálogos no buscan la desmovilización de las Farc, como es evidente, sino el logro de la paz, los acuerdos con las Farc que son el resultado de aquellos diálogos pasan a ser acuerdos de paz y, el plebiscito ya no es la consulta sobre los acuerdos con el grupo guerrillero, sino el plebiscito por la paz. Con todo ello logran sacar o borrar de la publicidad el nombre de las Farc, tanto que la pregunta con la que se votará “Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, no determina con quién se acuerda o con quién se tiene el conflicto que con ellos se pone término.
Es esta una batalla ganada por el presidente que, con su persistencia logró situar la paz en el centro mismo del debate que, les permite luego, un abuso más, cuando sin objetividad señalan que quienes votan sí, están por la paz y quienes votan no están por la guerra. Hombres de paz, entre quienes me cuento, terminamos tildados de guerreristas.
Todo está señalado de la misma forma, dígase por caso, la pedagogía que se supone la forma más adecuada para informarle al pueblo los acuerdos de La Habana, con tan digno propósito se acepta pueden utilizarse en ello dineros oficiales. Ocurre sin embargo que en la práctica deriva en adoctrinamiento, puesto que se emplean con ese destino los mismos latiguillos utilizados por los que abiertamente hacen campaña por el sí. La circunstancia de que el texto de los acuerdos con las Farc sea tan largo y farragoso opera entonces a favor de quienes los promueven abiertamente. Llueven entonces las alusiones al acuerdo o al plebiscito por la paz y al paraíso que vendrá después y no obstante que se hace mención y se acompañan imágenes de los actos de barbarie cometidos para concluir que no se repetirán jamás, nada se dice acerca de la pena que se les impondrá por los delitos de lesa humanidad cometidos, asunto sobre el cual los colombianos se han manifestado en todas las encuestas rechazando de plano que no paguen pena de reclusión y puedan ir al congreso, en algunos casos con curules gratis.
Como si lo anterior fuera poco exhorta el señor presidente a todos los funcionarios públicos a intervenir en el debate, y como cierre de campaña tendremos la firma de los acuerdos (¿otra, o un nuevo show mediático?) y, al final, una votación con las Farc armadas, incumpliendo lo firmado sobre desmovilización y lo señalado por la sentencia de la Corte.
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