Jaime Enrique Sanz Álvarez


El saber escoger con quien se junta, se asocia, contrata o se reúne, es una norma de conducta básica para los individuos en su cotidianidad, resumido en un brocárdico de atención permanente: "Dime con quién andas y te diré quién eres".
Juan Manuel Santos, lo sabemos todos, salió elegido Presidente por el apoyo de los seguidores del presidente Álvaro Uribe y su adhesión al programa de Seguridad Democrática. No fue sino asumir el mando para demostrar su afán por distanciarse de su mentor. Aún cuando solo lo supimos un año después, nombró una comisión no oficial que buscaba acercamientos con las Farc para iniciar un diálogo que condujera a la desmovilización del grupo guerrillero. Por principio debe estarse abierto a los diálogos, sin embargo debe tenerse en cuenta el momento. No parece acertado, además, ofrecer ventajas para iniciarlos. Después del fracaso de los diálogos del Caguán, el gobierno colombiano, con el apoyo total del pueblo, durante ocho años combatió duramente a las Farc hasta disminuirlas notoriamente y hacerlas replegar en zonas inhóspitas de difícil acceso para el Ejército, pero en las que el accionar de la guerrilla estaba ciertamente limitado. Es posible se piense había llegado el momento para iniciar otro diálogo, pero no para que la parte dominante tomara la iniciativa y mucho menos para sentarlas como pares y ofrecerles ventajas.
Se desaprovechó la oportunidad que los logros del Ejército daban para imponer condiciones, se inició entonces un proceso en el que el Gobierno no las puso y por el contrario las aceptó, pues como hemos venido comprobando existe el requisito de que los desmovilizados no paguen cárcel y puedan llegar al Congreso incluso con curules gratis. Solo así se explica que, sean los enviados del gobierno los que, desde el comienzo y a cada paso, estén insistiendo en el tema.
El otro asunto en el que el Presidente recién electo marcó su cambio de amigos fue el de las relaciones exteriores en las que rápidamente buscó acercamientos con Correa, Ortega y, especialmente con Chávez a quien señaló como "su nuevo mejor amigo", no obstante la demostración que Colombia hizo ante la OEA de los campamentos que la Farc tenía en territorio de Venezuela. Le bastó una frase: "El Presidente Chávez dice que en Venezuela no hay guerrilleros de las Farc y yo le creo". Y… ¿Cómo le ha ido?
Con las Farc ya sabemos. Llevamos 33 meses de diálogo y la desmovilización, que no la paz, no obstante su discurso, está cada día más lejos. Por boca de Iván Márquez dicen: "Queremos firmar la paz con este gobierno… a ver si desentrañamos toda esta maraña judicial que impide ver que somos dos partes en igualdad de condiciones". Las Farc no aceptan la justicia, ni las leyes colombianas; no aceptan el marco para la paz, ni entregan las armas, ni admiten pena alguna. Como lo dijo el Dr. De la Calle temen se deduzca que ellos se sometieron.
Con nuestros nuevos mejores amigos ya sabemos que Correa pretende cobrarnos de más por nuestras exportaciones, Ortega ya se llevó parte de nuestro mar y de Maduro tenemos que soportar el mal trato, las deportaciones de colombianos, la defraudación a nuestros exportadores y el zarpazo que le quiso dar a nuestra parte en el Golfo de Coquibacoa ¿Qué tal si madruga más? Todo por el supuesto apoyo a la hasta ahora fallida negociación con las Farc. Con estos amigos para qué enemigos, como decimos por acá. Me recuerda una escena de una novela de Morris West en la cual un personaje secundario le dice al protagonista, un cardenal de la Iglesia Católica, "Su Excelencia creo que para derrotar al enemigo debemos aliarnos hasta con el diablo" a lo que el Cardenal responde: "Si nos aliamos con el diablo, después quién nos defiende de él".
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