
COLPRENSA | LA PATRIA | CÚCUTA
La noche del 10 de junio pasará a la historia para los 17.000 habitantes del casco urbano de Tibú (Norte de Santander) como el día en que quedaron presos en su propio pueblo. Desde entonces, cerca de 8.000 campesinos mantienen bloqueada la vía que los comunica con Cúcuta, pidiendo la declaración de una zona de reserva campesina.
El paso de los días agrava la situación para centenares de familias. Muchos enfermos han perdido citas médicas que demoraron en sacarlas. El desabastecimiento de alimentos empeora cada día y los comerciantes que aún tienen reservas le han incrementado el precio a los productos de la canasta familiar, haciéndolos inalcanzables para los más pobres de ese municipio.
Lo grave de la situación es que por trochas muchos han optado por transportar arroz, papa, tomate, cebolla, azúcar, aceite y hasta huevos. Sin embargo, los campesinos bloquearon las trochas e impidieron nuevamente el paso de víveres.
Así, en el pueblo, el cartón de huevos se vende a $ 15.000, el kilo de tomate, a $ 4.000 y el de papa, a $ 3.000. Otras familias están pescando en afluentes cercanos y se alimentan de lo poco que pescan y de yuca.
Un grupo de comerciantes está buscando negociar con los campesinos para que los dejen salir a comprar víveres en Cúcuta, la capital. Sin embargo, está a la espera de que la resistencia campesina dé luz verde al paso de dichos productos.
Disturbios en Ocaña
El recrudecimiento de los disturbios en Ocaña tiene en jaque a los habitantes de esta población del occidente del departamento. Los enfrentamientos que se registraron en la Ciudadela Norte afectaron a 18 niños y seis adultos, quienes inhalaron gases lacrimógenos.
Además, tres casas del asentamiento Colonias de la Provincia fueron incineradas, tres vehículos afectados y la gente se desplazó por temor a perder sus vidas.
En la invasión Colinas de la Esperanza los moradores ubicaron en un árbol una pancarta donde exigen más respeto por la población civil, especialmente hacia niños, mujeres embarazadas y adultos mayores.
“Estamos huyendo de los gases, nuestros hijos comienzan a sufrir enfermedades, nos tumbaron las puertas de los ranchos y no sabemos hacia donde ir”, contó Dorys Chona. Yuly Báez manifestó que ahora viene la guerra del hambre, ya que no encuentran nada qué comer y tampoco tienen dinero porque no han podido salir al acostumbrado rebusque.
Comunidades desesperadas
Una situación similar viven la señora Ana Dolores Pérez y sus hijos, quienes encontraron el techo en el piso y todos los elementos incinerados. “La verdad uno no entiende cómo se ensañan contra la gente pobre. Estamos sufriendo demasiado”, agregó.
“Somos más de 70 familias sufriendo por esos gases lacrimógenos, nos queman las casas que hemos construido con tanto sacrificio. El culpable es el Gobierno Nacional, que no quiere llegar a un arreglo y dejó crecer la marcha”, dijo Yolanda Páez Remolina.
Los afectados solicitan a los organismos internacionales de derechos humanos, acercarse a la zona y verificar los atropellos.
Además, claman la ayuda humanitaria como alimentos, agua, medicamentos y frazadas especialmente para la población infantil que reporta problemas respiratorios y la inflamación de la piel.
"Hay infiltrados"
El viernes, el general Rodolfo Palomino López, director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional, recorrió los puntos de protesta en Ocaña y dialogó con las familias que quedaron en medio de las confrontaciones. “Por la manera como se han dado los enfrentamientos y protestas no se descarta que haya infiltrados de grupos insurgentes al margen de la ley que quieren romper la tranquilidad ciudadana”, aseguró el oficial.
“Esas prácticas no son propias de nuestros campesinos. Es lamentable observar cómo se exponen al peligro, se mutilan una mano al manipular explosivos, una extremidad necesaria para labores agrícolas”, anotó.
Tres encarcelados
Un juez de Ocaña (Norte de Santander) envió a la cárcel a un hombre que habría participado esta semana en las manifestaciones que se realizan en Tibú. La solicitud de medida de aseguramiento la hizo la Fiscalía, luego de que le imputó el delito de fabricación, tráfico y porte de armas.
El representante del ente acusador señaló durante la audiencia que el hombre había sido capturado por agentes de la Policía cuando portaba un artefacto explosivo, durante la movilización campesina que llegó desde la región del Catatumbo a inmediaciones del municipio de Ocaña. Por decisión del juez, el capturado fue enviado a la cárcel municipal de Ocaña.
Con esta persona, ya son tres las que han sido enviadas a centros penitenciarios por participar en desórdenes durante las movilizaciones que se han realizado en Norte de Santander.
SE MANTIENE EL BLOQUEO
Habitantes de Tibú se sienten presos en su pueblo
Comerciantes comenzaron a subir los precios de los alimentos. Policía se sostiene en que la manifestación está infiltrada. Pugna.
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La noche del 10 de junio pasará a la historia para los 17.000 habitantes del casco urbano de Tibú (Norte de Santander) como el día en que quedaron presos en su propio pueblo. Desde entonces, cerca de 8.000 campesinos mantienen bloqueada la vía que los comunica con Cúcuta, pidiendo la declaración de una zona de reserva campesina.
El paso de los días agrava la situación para centenares de familias. Muchos enfermos han perdido citas médicas que demoraron en sacarlas. El desabastecimiento de alimentos empeora cada día y los comerciantes que aún tienen reservas le han incrementado el precio a los productos de la canasta familiar, haciéndolos inalcanzables para los más pobres de ese municipio.
Lo grave de la situación es que por trochas muchos han optado por transportar arroz, papa, tomate, cebolla, azúcar, aceite y hasta huevos. Sin embargo, los campesinos bloquearon las trochas e impidieron nuevamente el paso de víveres.
Así, en el pueblo, el cartón de huevos se vende a $ 15.000, el kilo de tomate, a $ 4.000 y el de papa, a $ 3.000. Otras familias están pescando en afluentes cercanos y se alimentan de lo poco que pescan y de yuca.
Un grupo de comerciantes está buscando negociar con los campesinos para que los dejen salir a comprar víveres en Cúcuta, la capital. Sin embargo, está a la espera de que la resistencia campesina dé luz verde al paso de dichos productos.
Disturbios en Ocaña
El recrudecimiento de los disturbios en Ocaña tiene en jaque a los habitantes de esta población del occidente del departamento. Los enfrentamientos que se registraron en la Ciudadela Norte afectaron a 18 niños y seis adultos, quienes inhalaron gases lacrimógenos.
Además, tres casas del asentamiento Colonias de la Provincia fueron incineradas, tres vehículos afectados y la gente se desplazó por temor a perder sus vidas.
En la invasión Colinas de la Esperanza los moradores ubicaron en un árbol una pancarta donde exigen más respeto por la población civil, especialmente hacia niños, mujeres embarazadas y adultos mayores.
“Estamos huyendo de los gases, nuestros hijos comienzan a sufrir enfermedades, nos tumbaron las puertas de los ranchos y no sabemos hacia donde ir”, contó Dorys Chona. Yuly Báez manifestó que ahora viene la guerra del hambre, ya que no encuentran nada qué comer y tampoco tienen dinero porque no han podido salir al acostumbrado rebusque.
Comunidades desesperadas
Una situación similar viven la señora Ana Dolores Pérez y sus hijos, quienes encontraron el techo en el piso y todos los elementos incinerados. “La verdad uno no entiende cómo se ensañan contra la gente pobre. Estamos sufriendo demasiado”, agregó.
“Somos más de 70 familias sufriendo por esos gases lacrimógenos, nos queman las casas que hemos construido con tanto sacrificio. El culpable es el Gobierno Nacional, que no quiere llegar a un arreglo y dejó crecer la marcha”, dijo Yolanda Páez Remolina.
Los afectados solicitan a los organismos internacionales de derechos humanos, acercarse a la zona y verificar los atropellos.
Además, claman la ayuda humanitaria como alimentos, agua, medicamentos y frazadas especialmente para la población infantil que reporta problemas respiratorios y la inflamación de la piel.
"Hay infiltrados"
El viernes, el general Rodolfo Palomino López, director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional, recorrió los puntos de protesta en Ocaña y dialogó con las familias que quedaron en medio de las confrontaciones. “Por la manera como se han dado los enfrentamientos y protestas no se descarta que haya infiltrados de grupos insurgentes al margen de la ley que quieren romper la tranquilidad ciudadana”, aseguró el oficial.
“Esas prácticas no son propias de nuestros campesinos. Es lamentable observar cómo se exponen al peligro, se mutilan una mano al manipular explosivos, una extremidad necesaria para labores agrícolas”, anotó.
Tres encarcelados
Un juez de Ocaña (Norte de Santander) envió a la cárcel a un hombre que habría participado esta semana en las manifestaciones que se realizan en Tibú. La solicitud de medida de aseguramiento la hizo la Fiscalía, luego de que le imputó el delito de fabricación, tráfico y porte de armas.
El representante del ente acusador señaló durante la audiencia que el hombre había sido capturado por agentes de la Policía cuando portaba un artefacto explosivo, durante la movilización campesina que llegó desde la región del Catatumbo a inmediaciones del municipio de Ocaña. Por decisión del juez, el capturado fue enviado a la cárcel municipal de Ocaña.
Con esta persona, ya son tres las que han sido enviadas a centros penitenciarios por participar en desórdenes durante las movilizaciones que se han realizado en Norte de Santander.
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