
Son constantes las invitaciones a Argelia, Polonia, Alemania y diferentes ciudades de España, país donde reside desde tiempo atrás, en los cuales Saldívar ha dictado seminarios entorno a la obra del Premio Nobel de Literatura colombiano, pero ahora, sus viajes también tienen otro motivo: “Los soles de Amalfi”, el título de su primera novela.
Desde mucho antes de ser reconocido como biógrafo de Gabo, Saldívar había comenzando este proyecto literario. Corrían los años ochenta cuando empezó la escritura de unos cuentos, que con el tiempo serían la columna vertebral de una novela que en España ha generado una gran recepción, comenzando por la crítica especializada.
Si bien son varias las biografías que se han publicado entorno a la vida y obra de Gabriel García Márquez, 'El viaje a la semilla', título de la obra de Dasso, ha sido una de las más elogiadas, vendidas y traducida ya a 12 idiomas.
Aunque son géneros diferentes, tanto la biografía como la novela desarrollan un tema en común que es el regreso, o al menos el intento, al origen, el mundo del pasado propio, el hogar, los recuerdos y la memoria, con todos los riesgos que ello implica.
“Todo comenzó en los años ochenta intentando escribir unos cuentos basados en vivencias propias de mi infancia, que transcurrió durante la violenta década de los cincuenta en una finca de café de las lomas de San Julián, cerca de la vereda de Guanteros, donde a los seis años conocí la vitrola y escuché las primeras canciones en discos de vinilo”, comentó el autor.
Sin pausa continuó este proyecto en los siguientes años, mientras trabajaba en 'El viaje a la semilla' y en otros trabajos, sumándole a la novela personajes, historias y espacios que le fueron dando forma al cuerpo narrativo, sin afán alguno. “Trabajé en la escritura, con algunas pausas, entre los años 2000 y 2011, dedicando los dos últimos al reposo y corrección del texto”, afirmó el autor antioqueño.
En esta obra, el autor rememora su infancia a través de su protagonista, un niño de 10 años, en su terruño, en una finca frente a las montañas del municipio antioqueño de Amalfi, donde disfruta de un paisaje sin igual, un paraíso que es azotado por la violencia, el miedo y la injusticia social.
Saldívar no va directo a la sangre, por lo que entre la naturaleza exquisita, son los silencios, los rumores, los fantasmas de los muertos que reclamen justicia y el canto del río correr, hacen de esta una magistral muestra de cómo se pueden conjugar en una misma historia, al país social y al político.
El regreso
- ¿Un largo tiempo inmerso en esta historia?
A lo largo de los últimos 30 años de mi vida, tanto en la escritura de la novela como de la biografía, me he dado cuenta que estaba con la necesidad de volver al “origen”, porque no hay en realidad un regreso.
Ese afán de volver primero lo exploré, conociendo e indagando en la vida de Gabriel García Márquez, porque una de las cosas que más me impulsó para escribir esa biografía era poder constatar que Gabo escribió “100 años de soledad”, entre otros libros, para intentar volver a la casa en Aracataca, en la cual se crió, con sus abuelos y tías hasta los 10 años de edad.
Con el tiempo me di cuenta que estaba haciendo lo mismo pero ya en la novela y de manera personal, buscando mi origen campesino. Sigo en el mismo tema aunque cambie el género.
- En el caso de la novela, ¿En qué punto fue consciente de ello?
Fue a la mitad de la escritura de la novela. Fue vivir lo que muchos escritores han dicho que les sucede, que los temas eligen al escritor y no al contrario. Son las obsesiones, las preguntas sin respuesta en tu propia vida, en la historia de los cercanos o incluso en lo leído, que termina siendo la materia prima de tu propia escritura.
De ahí en adelante fue una escritura más consciente, sin coartar los personajes de la misma historia. Uno de los consejos más sabios que he recibido en la escritura literaria me lo dio el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, “hay que aprender a escuchar los textos. El autor debe saber hacia dónde va, pero no por dónde va”.
- ¿Cómo fue el proceso de escritura de una historia en donde se encuentran sus vivencias de niños y lo que ocurría en un país como Colombia en los años cincuenta, inmerso en la violencia?
Es difícil porque parecen dos mundos opuestos e irreconciliables: el de mi infancia y el país político y violento, que fue el trasfondo de muchos colombianos en su niñez, como me sucedió a mí.
Era complicado porque no quería que se convirtiera en una novela más sobre la violencia. Ahí estuvo mi reto literario.
- ¿Cómo logró no caer en la violencia de los años cincuenta?
Se dio de manera natural. Este tema se dio a través de las reflexiones de los personajes, de su memoria y la emoción. No quería entrar como narrador en ese tema.
Entre fantasmas
- ¿Se puede confiar en la memoria?
No fui contra la memoria, porque como Jorge Luis Borges decía, “la memoria es un elemento de la literatura fantástica”, porque la memoria no es sólo recuerdo, también es mucho de olvido y alta dosis de invención. Es una reelaboración libre y autónoma de sus experiencias vividas, vistas, olidas o leídas.
Yo sabía bien que esas experiencias de mi infancia no podían ser exactas, y partiendo de ahí, trabajé fielmente con la memoria, sabiendo bien lo que ella es.
- ¿Qué tanto de realidad tiene la novela?
La novela parte de hechos, lugares y personajes que ocurrieron, pero trabajados por la alquimia de la memoria. Partiendo de ahí empecé a ficcionar, dejando los nombres reales de cada uno de los personajes. Cuando pensé en cambiarlos, pensando que podría traer problemas, eran tan fuertes y literarios, lo que fue imposible hacerlo.
- ¿Es descubrir un país olvidado?
Muchos lo recordarán, pero otros, las nuevas generaciones, descubrirán un país con naturaleza, con sus plantas, los frutos y todo lo que tiene que ver con la vida de campo.
Yo tuve la suerte de vivir mis primeros 15 años en una finca cafetera y todo eso me impregno y es la base de todo lo que he querido hacer como escritor.
- ¿El lugar es un personaje?
Fue una obsesión de trabajar el paisaje de una manera diferente. No quería que fuera solo un escenario inmóvil, quería que fuera un personaje y este empezó a ganar protagonismo, se fue llenando de emoción a través de la historia, lo que hizo que el personaje llegara a interactuar con los demás.
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