
Colprensa| LA PATRIA
Muchos se reúnen. Familias y amigos se reúnen, más que todo en la noche, a celebrar. Y en esa celebración no falta la comida. Una comida salida del menú habitual. Caldos, carnes, postres y pasabocas hacen que las dietas de las más bellas y las de muchos enfermos queden en puntos suspensivos.
El cerdo, la res, el pollo y el pavo son animales de la noche de Año Viejo. No se trata de comer por comer, sino de la comida como pretexto para estar juntos. Hablando. Bailando. Haciendo balances de lo que se hizo y propósitos de lo que se hará.
Hasta la mesa debe estar arreglada. Más limpia que nunca, vestida con manteles adornados con pinturas o bordados de campanas y, en el centro, una bandeja colmada de uvas y panes y espigas y frutas, aunque nadie coma nada de eso. Los buñuelos son los pasabocas para atravesar el túnel del tiempo que comienza en un año y termina en otro
Un hombre en Itagüí que nació el 31 de diciembre. Su vida fue testimonio de alegría. Como si ese día de fiesta por antonomasia y el contento del ambiente le hubieran inyectado con fuerza un espíritu jovial. Y jamás lo perdió.
Viejo, no se unía a otros viejos a escuchar sus quejidos o a intercambiar sus toses y lamentos, a ver sus caras largas con las que suelen mirar a los jóvenes en sus actividades y algarabías, como si estuviera escrito y decretado en alguna parte que estas fueran solo asuntos de los de menos edad, sino involucrándose con ellos, sin importar que sus coetáneos le dijeran inmaduro. Sólo un día dejó de expresar su alegría: el de su muerte.
Una mujer, vieja ya, para la que el 31 de diciembre es el día de encerrarse con sus muertos desde antes del anochecer. Y en la soledad de su inmensa casa parece velar en silencio el vacío de los seres queridos que se fueron hace tiempos (pero no del todo).
Otro que no cree que acabar un año sea motivo para festejar, sino un mero asunto de relojes. Así, el último día y la última noche del calendario mira por su microscopio como si fuera cualquier 26 de febrero. Ve y escucha con fastidio las celebraciones ajenas como de seres primarios que nada entienden.
El último día del año no es normal. Es igual a los otros en que, al parecer, dura 24 horas, 12 de las cuales permanece iluminado por el Sol y las otras, sumidas en la oscuridad. Pero la carga de emociones es innegable. Los nostálgicos y sentimentales lloran. Los alegres ríen. Los agoreros practican sus creencias sin que parezcan absurdas.
Si el 24 tiene connotaciones religiosas, el 31 las tiene profanas.
Milhojas de galletas Ducales
- 3 sobres de baticrema
- 1 lata de crema de leche
- 1 lata de leche condensada
- 1/2 bolsa de leche
- 1 pocillo de jugo de limón
- 2 sobres de gelatina sin sabor.
- Galletas Ducales
Preparación:
Bata la baticrema con la crema de leche, luego agregue la leche condensada y mezcle bien. Añada la media bolsa de leche y cuando todos los ingredientes estén mezclados, añada el jugo de limón. Bata hasta que la mezcla esté cremosa. Ponga una primera capa en el molde y cubra con las galletas. Repita tantas veces quiera.
Pastel de arroz (plato costeño)
- 4 tazas de arroz lavado, 2 libras de costilla de cerdo picadas, una libra de tocino picado, 2 libras y media de pollo
- 3/4 de taza de vinagre, 2 cucharadas de aceite, 3 tazas de guiso, una libra y media de papas en rodajas, 2 cebollas cabezonas finamente picadas, 2 berenjenas en rodajas, 2 zanahorias en rodajas, 3 apios picados en cuadros pequeños, 2 colinos de cebolla larga bien picados, 3 ajos triturados, ají (opcional), 10 hojas de col o repollo, sal, pimienta, color (las últimas tres al gusto) y hojas de bijao engrasadas.
Preparación:
Remoje el arroz con vinagre, aceite y condimentos, y déjelo secando al sol unas horas revolviendo bien. Cocine en olla aparte y a fuego lento las carnes con el guiso, el ajo y un poco de agua hasta que estén blandas. Arme los pasteles acomodando las hojas de bijao en forma de cruz, poniendo encima de ellas arroz, carnes, papas, cebolla, ajíes y las otras verduras. Cubra esto con más arroz, una hoja de col o repollo y agréguele el guiso que queda de las carnes cocinadas. Envuelva en bijao. Amárrelos con cabuya y póngalos en agua hirviendo, que los cubra, con sal y un poco de vinagre. Déjelos cocinando por tres horas más o menos, añadiendo agua caliente si nota que se va secando.
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