
Los agentes antiexplosivos siguieron los protocolos hasta comprobar que el paquete no era una amenaza.
La conmoción reinó ayer en el centro de Salamina por la presencia de un paquete negro en la puerta de la Registraduría. Un vecino que salió a la calle a las 6:15 de la mañana vio la bolsa y no dudó en llamar a la Policía temiendo que se tratara de un explosivo.
A las 8:00 de la mañana, la posible bomba ya era el tema en el municipio. Las autoridades procedieron como toca en estos casos: crear un área de seguridad acordonando los alrededores.
Un testigo llegó a afirmar que sobresalía del bulto un bloque metálico, como un pedazo de motor, y una tarjeta celular. Ante el temor creciente y la incertidumbre ciudadana, la Policía de Salamina reportó el caso a Manizales y de inmediato se desplazaron agentes con experiencia en manejo de explosivos.
A la distancia se observaba al registrador municipal, Hugo Alberto Sierra Molina, quien se enteró de la situación porque un agente le informó que "esperaban el escuadrón antibombas para revisar un paquete que había en la puerta de la Registraduría".
Al igual que los demás ciudadanos se mostró extrañado y afirmó que lo que estaban viviendo contrastaba con la tranquilidad de la población.
Así como cundió el pánico también retornó la calma. Este diario conoció que cuando los antiexplosivos de la Sijín retiraron el paquete encontraron una sartén y abono, entre otros desechos. Las autoridades no determinan aún quién pudo dejar allí la bolsa. Antes del mediodía los salamineños volvieron a su rutina.
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