LA PATRIA | MANIZALES
Los manzanareños Luis Alberto Campuzano, Jorge Soto y su esposa, María Dolly Bermúdez, se fueron para Bogotá en busca de un mejor futuro. Se criaron y crecieron en la vereda El Aliso, del corregimiento Las Mercedes, del municipio caldense. Hace 18 meses cambiaron el verde del campo por el gris del barrio Juan Pablo II, de Ciudad Bolívar, en la capital, donde derivaron su sustento de la comercialización de arepas en la puerta de su casa.
En la noche del domingo, pensando en la venta del día siguiente, montaron en la estufa una olla con maíz. Sin embargo, un descuido les costó la vida, pues murieron asfixiados por inhalación de dióxido de carbono.
En la mañana, el barrio se conmocionó. Vecinos lamentaron la partida de María Dolly, de 45 años; Jorge, de 65 y Luis Alberto, de 35, que ya eran famosos por su producto y se ganaron el cariño de la gente. Este último trabajaba en un supermercado cercano a la vivienda y le pagaba arriendo a la pareja hace un mes.
A 255 kilómetros de distancia, en el corregimiento Las Mercedes, sus habitantes no salían del asombro por lo ocurrido. Dorelia Bedoya, líder del sector, indicó que los fallecidos eran excelentes personas, emprendedoras, reconocidas por su forma de ser y su honestidad. Ayer recorrían las viviendas para recolectar fondos y ayudar al traslado de los cuerpos. Además, en solidaridad, cancelaron el Día del Campesino, programado para el domingo; y el Día de la Familia en el colegio.
"Nacieron y crecieron acá. Eran una familia. Luis Alberto se levantó con la pareja, muy juicioso y trabajador. Se dedicaban a cultivar caña, tenían un finca, pero la vendieron para irse a Bogotá, donde instalaron el puesto de arepas", dijo la líder.
Nazario, hermano de Luis Alberto, lo recordó como un hombre entregado al campo, que se fue para la capital porque una enfermedad lo privó de continuar en la agricultura. "Ajustó 30 años casado con Dolly. Tenían tres hijos mayores. Esperamos que los cuerpos lleguen mañana para darle sepultura en Manzanares".
Cuando una persona inhala gas empieza a toser, se le irritan los ojos, tiene dolor de cabeza, pérdida del equilibrio, del conocimiento y, en casos graves, llega la muerte.
El 2 de agosto del 2006, seis erradicadores manzanareños murieron en la serranía de La Macarena.
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