LA PATRIA | MANIZALES
Jesús Albeiro Valencia López, de 43 años, no dejaba de mover sus pies. El frío de la mañana del sábado se junto con su nerviosismo. ¿Y cómo no estarlo? En minutos vería a su mamá, Luz Mery, tras 23 años de separación.
Él está detenido hace tres meses en la Estación Manizales, en el barrio San José. Pero el día era especial. Por eso lo dejaron ubicarse en un sofá, a la espera del anhelado encuentro. Soñaba con escuchar esto: Su condena: ser feliz indefinidamente al lado de la familia. La multa: recuperar el tiempo perdido.
El manizaleño, habitante de calle, está sindicado de concierto para delinquir y tráfico de estupefacientes, a la espera de su traslado hacia la cárcel La Blanca.
Lo aprehendieron por, al parecer, pertenecer a una banda de jíbaros de la Galería. Su historia es particular. El pasado sábado, en su sitio de reclusión, se reencontró con su madre, de 60 años.
La bonita acción la logró el intendente de policía Germán Andrés Gómez. "Me preocupé por la situación humana de Jesús Albeiro. Me contó parte de su vida, de todo el tiempo sin ver a su mamá. Con el nombre de ella busqué por redes sociales y me comuniqué con la Sijín de Medellín, que me ayudó a ubicarla. La llamé y no pudo contener el llanto. Cuadramos y junto a otro hijo viajaron desde la capital de Antioquia a las 4:30 de la mañana", expresó el uniformado.
El detenido supo del encuentro desde hace 15 días. Desde ese día la ansiedad fue mayor a la que le genera su adicción a la marihuana y el bazuco. Y el sábado la demostró. Movía continuamente sus piernas y sus manos, al tiempo que le contaba a LA PATRIA su historia.
Vivía en Neira con sus padres. Cuando cumplió tres años de edad, ellos se separaron y su mamá se lo llevó para Medellín.
"Fui miliciano urbano. Cuidaba el barrio, de los ladrones y los dañinos. Les quité al vida a dos muchachos y me vine para Caldas. Acá me fui para donde mis abuelos a Neira y conocí las drogas. Me descontrolé. Mamá me mandaba plata y cuando le conté mi adicción, dejó de hacerlo y perdimos comunicación".
Se ubicó en Manizales, como reciclador en la Galería. También lavó motos. Vivía en la calle. Cinco veces lo dieron por muerto, pues lo apuñalaron en Puerto Paz, La Tomatera y por la Lúker. "Cometía daños para consumir y la gente se enojaba. Es que esto le coge ventaja a uno. Había personas que vendían hasta el mercado para consumir".
Añadió que por culpa del papá se dañó el hogar, por vicioso del juego, y que una hermana se murió de hepatitis porque su progenitor no le aportó para ir al médico.
Jesús Albeiro soltó unas lágrimas y siguió moviendo sus pies. Sintió un ruido afuera de la oficina y se asomó rápidamente. Pensó que era su madre. "Cuando la vea le diré que me perdone por todo lo malo. Me parece sentirla, estarla tocando", anotó, mientras su voz se entrecortó. "Es que la droga nos lleva por lo malo, nos aleja de los amigos buenos, de la familia. Consumir no es todo en la vida. Le pido a Dios mucha ayuda. Los golpes nos enseñan".
Llegó el momento esperado. En un salón adecuado por la Policía estaban Luz Mery y su otro hijo, Jhon Freddy, en un espacio adornado con bombas.
Jesús Albeiro entró, corrió hacia ella y se fundieron en un gran abrazo en medio del llanto. Se arrodilló y le pidió perdón. "Mi vieja hermosa. La quiero mucho. Es una felicidad muy grande". Ella le dijo: Démosle gracias a Dios, con ayuda de Él estaremos de nuevo juntos.
De fondo sonó la canción Mamá Vieja, de Los Visconti, y los abrazos reaparecieron. Jesús Albeiro le contó a Luz Mery que no todo fue malo en su estadía en la calle. "¡Eres abuela!", le informó. Ella lloró y preguntó por su nieta. "Mi muñeca se llama Michel Susana, tiene seis años", le respondió.
La madre les manifestó a los uniformados que algo le decía que su hijo estaba vivo, que no perdiera la esperanza. "Lo motilaba honguito y véalo ahora cómo está (tuso). Le pido a Dios que me lo ayude a salir de esto y por qué no, que termine los estudios. Se quedó como la mamá: chiquito".
Jesús Albeiro sacó unas cartas que le escribió a Luz Mery. Juntos las leyeron, lloraron y rieron. Ella le expresó: ¿Te acuerdas de los poemas que me hacías el Día de la Madre? Este es el mejor regalo que pude recibir.
A Jesús Albeiro lo detuvieron junto a otras 32 personas en un operativo de la Sijín en la Cañada y en la Galería. Lo sindican de ser expendedor de estupefacientes. Los dueños de la olla, por cada cinco dosis de droga que vendiera, le daban una para su consumo.
Está a disposición de un juzgado, con medida de aseguramiento, y a la espera de que haya cupo en la cárcel La Blanca, para su traslado. Por eso está en la Estación Manizales.
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