Querido hermano, Dios que tanto te amó, que fue hacedor y testigo de honor de tu periplo vital por este mundo, que te concedió el don maravilloso de la alegría y como valor agregado el de contagiarla a quien la necesitara, y ¡ay, si lo cumpliste a cabalidad! siendo espectáculo central en escenarios nacionales e internacionales, colmando sitios como el Madison Square Garden de Nueva York, donde no solo colombianos, sino los residentes de las diferentes colonias latinas, rememoraban enarbolando banderas, su Patria lejana. Hoy Dios que todo lo puede te da licencia por este mes en el que paradójicamente llegaste y te fuiste de este mundo (Diciembre 23 y 18) para descender espiritualmente y estar presente en los encuentros familiares de muchos hogares necesitados de alegrías, reconciliación y paz.
Recuerdo una entrevista concedida al diario El Espectador en enero 2012 al preguntarte ¿Cuáles son sus deseos para el 2012? respondiste “Que se vea el sol, que paren los derrumbes y las tragedias naturales, que los políticos le mermen al blablablá y que le den a los niños comida y escuela…si eso se da, El Loco no va a volver a llorar”.
Amado hermano, en el tercer aniversario de tu partida física, gratitud imperecedera por haber repartido alegría a raudales a una Patria que por fuerza de las circunstancias, se olvidó de ser feliz.
Alba Quintero de Sarasty
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