Martica fue una mujer excepcional, su vida se resume en una pequeña frase: 'servir con amor'.
Su entrega fue absoluta, no se guardó nada y trabajó más allá de su propias fuerzas; ofreció su amor a raudales a cada uno de sus seres queridos: padres, hermanos, parientes cercanos y lejanos, pero muy especialmente a sus hijos Felipe, Andresito y Laura. Amiga leal e incondicional de sus 'amigas por siempre'. Martica, te fuiste hacia la casa del Padre a disfrutar de la verdadera vida; la felicidad eterna junto a Jesús, María y José, es el premio que tienes merecido.
Aunque lloramos tu ausencia, nuestros espíritus se regocijan al saber que ahora vives rodeada de Ángeles en el paraíso, en la Jerusalén celestial. La paz de tu sonrisa y la dulzura de tu rostro, permanecerán por siempre en nuestros corazones.
Gracias Señor por la vida de Martica, por su generosidad, nobleza y por su inmenso amor.
Familia Gutiérrez
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