Amado hermano Gustavo, ¡qué año en el que se cumplen 4 de tu partida!, una circunstancia inédita más propia de un mal sueño en la que un enemigo anónimo está en permanente acecho sin discriminar razas, clases sociales, credos, nacionalidades ni partidos. Sumado a esto los pobres de siempre están más pobres, el desempleo galopa, la pandemia desnudó crudamente las abismales y aberrantes desigualdades sociales de aquellos sin acceso a las oportunidades, los desastres naturales también han hecho presencia dejando su estela de destrucción y hambre en numerosas familias que, antes de ello, ya eran vulnerables.
Cuánto hubieras sufrido querido hermano, pues tu perfil alegre y fiestero, también era de lágrima fácil y tu noble y bondadoso corazón jamás fue indiferente al sufrimiento del prójimo. A Dios que tanto te ha amado, que te trajo al mundo y te llamó a su presencia en este mes, en el que mediante la magia de los discos sigues alegrando encuentros familiares en Navidad, háblale al oído, pídele que mire compasivo la suerte de los que no vislumbran ningún futuro, que el espíritu navideño ilumine las mentes y cambie el lenguaje de odio de nuestra arrogante e indiferente dirigencia, que acomodada en sus muelles posiciones, no está interesada en buscar un mejor horizonte para los desposeídos de siempre.
Querido Gustavo siempre estás en mi corazón, perdona mi relato nada halagador y confío en una futura carta mostrarte un panorama diferente.
Alba Quintero de Sarasty
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