Alonso, con sus virtudes y defectos fue un hombre auténtico en su travesía por esta vida. Anarquizado y alejado de los esquemas. Se vestía, se peinaba, en fin, procedía tal como a él le gustaba, no como la gente quería.
Fue impar en su personalidad, en su inteligencia y audacia.
Eran famosos sus desplantes que fueron fruto de su temperamento dionisíaco y su agilidad mental que utilizaba de coraza para protegerse de sus detractores.
Parchaba cuando joven con José Manuel y Secundino López, Álvaro Robledo ‘Carebola’, bastante traviesos y enamoradizos para esa época. Aún tengo en la memoria la calcomanía que posaba en el vidrio trasero de su Fiat 128: “La virginidad produce cáncer, aquí vacunamos”.
Como profesional fue simplemente brillante. Ingeniero Químico de la Pontificia Bolivariana de Medellín y erudito máster en sistemas. Animador del campeonato de fútbol de La Florida, donde como arquero estuvo a la altura del ‘Negro’ Luis Fernando Mejía. Ambos bien pudieron ser profesionales.
Alonso sí fue un hombre distinto. Y esa diferencia, para bien, era producto de su inteligencia que limitaba con la locura.
Un abrazo a su señora, Amparo Quintero, a su mamá, doña Ofelia de quien heredó su carácter recio, su nobleza y generosidad, a sus hermanos que son mis hermanos…
Julián Gallego Marulanda
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