Galeón| Carlos Banegas Herrera
Si algo hay para un vistazo con algún detenimiento en Caldas, es lo relativo a lo que en efecto pueda determinar el Consejo de Estado frente a la no, o posible nulidad de la elección del académico Guido Echeverri Piedrahíta, a la Gobernación del departamento.
Para Caldas y lo que acontece alrededor del actual mandatario, los hechos por mirar, dan al canto.
Caldas, fue grande, digno. Un departamento con una singularísima presencia nacional. Lo que quiere seguir siendo. Y para el caso actual, muy diferente es lo que acontece en el Valle, y otras regiones del país, ante nuestro medio, como muy distinto es el gobernante actual, frente a algunos de sus antecesores, por no entrar en casos específicos, tanto a nivel de competencia administrativa, como política.
Poco tan importante -por no decir que nada-, para un pleno desarrollo y crecimiento social lógico, como algunas respuestas acordes y ponderadas de quienes tengan que hacerlo -en este caso el Consejo de Estado-, a quienes lo requieran. Y nuestra sociedad hoy lo necesita. Por lo cual: lo que más convenga creemos, debe seguir siendo un claro y bien intencionado principio universal del derecho y en especial, para lo que nos atañe.
Supimos y lo vivimos muy de cerca como redactores políticos y congresales alrededor de 15 y más años, desde 1969 en Bogotá -no hemos vuelto a saber del uso de esta herramienta jurídica, es cierto-, que una gran reserva presidencial para sancionar o no una ley de la república, era declararla exequible, por constitucional o por conveniente o, en caso contrario inexequible, por inconstitucional o por inconveniencia. Una u otra, le era válida al mandatario para que pudiera determinar solo en torno al interés nacional.
Siempre se dijo -y fue así como se construyeron las más típicas normas que crean y regentaron a las más incidentes democracias del mundo-: "que eran las costumbres las que hacían las leyes"; siendo, que fueron también los hábitos y las rutinas en materia de todo tipo de usanzas, y más: las orales, las que lograron, al final, construir las lenguas, primero y ya con unas reglas bien definidas, los idiomas, después. Solo así, estos llegan a ser las más bellas y reveladoras estructuras sociales de un conglomerado cualquiera. Un idioma identifica todo el componente cultural de un pueblo. Un reglamento de orden legal y una consecuente práctica de la justicia, amparada en una concepción jurídica alimentada, más que en mezquindades, politiquerías y personalismos, en el mundo de la conveniencia social, sí que lo sería. La Carta Magna de un pueblo, no es válida, se dijo siempre, si no lo identifica en su cultura.
Dice alguien, que el "hombre en su afán por independizarse de las leyes que la naturaleza le determinó para un mayor bienestar suyo en la tierra y en sociedad, se dedicó a controvertirlo todo, creando normas para acomodar a sus intereses, pasando por encima de todo y de todos, sin importarle nadie y nada más".
En este orden de ideas, somos de quienes pensamos que si en la práctica jurídica, estos patrones culturales siguieran siendo ley, por decirlo así, definir en bien de los intereses sociales, sería fácil. Porque no es el idioma -para regresar al símil que hemos venido manejando dentro del desarrollo de este tema-, lo que logra que quienes hablen alemán, por ejemplo, sean como son: fuertes, y casi que monosilábicos. Es de su carácter, desde donde surge su forma expresiva.
No somos lingüistas, ni juristas, ni sociólogos, -y lejos de pretensión alguna en tal sentido-, pero sí unos comunicadores, que concebimos que a más de unos simples "correveidiles", el ejercicio de un periodismo pleno, nos conduce a actuar como serios "catalizadores" de lo que a través de los hechos y las circunstancias, se "fermenta" por lo menos en nuestras sociedades, las que unas veces vivimos, otras usufructuamos y no en menos casos padecemos.
Pensamos así, que si el Consejo de Estado, más que dedicarse a mirar lo legal -que en este caso es más de forma que de fondo-, se dedicara a estudiar lo que ha acontecido en Caldas y las grandes expectativas que en el departamento se han generado al lado del Gobernador actual, con un estudio profundo desde el punto de vista sociológico, con las ganas que tiene este departamento de volver por sus fueros, un fallo amparado en el concepto de la conveniencia, sería fundamental. Pero además, no se trata de "desnucar" la ley, sino de que también es bueno que tengamos en la cuenta que los hechos y las circunstancias que dan base para el caso en comento, son tan vulnerables que dan pie para una nueva jurisprudencia y muy profunda en este sentido. No solo basada en la norma, sino en casos bien específicos, como acontece en el caso actual. Y para estudiar muchos acontecimientos más, además, si se trata de apostarle en serio a la construcción de un nuevo país.
Ya los gremios, empresarios, ejecutivos, organizaciones cívicas, los mismos periodistas a través de sus medios y algunas significativas mayorías populares, se han pronunciado al respecto. Que la ecuanimidad del gobernante no da pie para un gran movimiento en torno suyo es otro cantar. Otros antes de tiempo están lanzando candidaturas y promoviendo fiestas. Pero según muchas mediciones, aunque no formales, el departamento goza hoy de un administrador que habiendo pasado por los vericuetos de la política, tanto en lo electoral como en lo administrativo, goza de una gran imagen; y más hoy, cuando desde hace 12 años vive dedicado al mundo de la academia, tanto desde la cátedra, como en el campo administrativo: como secretario, como decano y como rector.
Qué bien caería una encuesta de favorabilidad o desfavorabilidad del gobernante de hoy, en el departamento. Lástima, que por espacio, no podamos hablar un poco de las inconsistencias que dan pie a este caso y de lo que en materia de costos cualitativos y cuantitativos, representaría para el departamento un fallo en contra del doctor Echeverri Piedrahíta; como los beneficios que por el contrario, le traería una determinación en su favor. Por lo visto, el gobernador se nos ha convertido en todo un gran ícono de la credibilidad, como parece que acontece con el Alcalde de Manizales, lo que en definitiva es comienzo de la superación de la gran crisis que desde hace un buen rato viene afectando a nuestra sociedad y el departamento. Muestra de todo esto, es la solidaridad que también ha encontrado en la Asamblea del departamento, que con mayoría de diputados originarios de partidos y de intereses contrarios al suyo -de los que propugnan su caída-, lo han venido respaldando con un juicio bien crítico si, pero bien ponderado además, en todas sus iniciativas. El médico Presidente de la Duma, Dr. Jorge Luis Ramírez Agudelo, político con grandes condiciones intelectuales, sí que ha demostrado ponderación en este caso y al frente de la corporación para bien del departamento y su administración actual.
Que la ecuanimidad del gobernante no da pie para un gran movimiento en torno suyo es otro cantar. Otros antes de tiempo están lanzando candidaturas y promoviendo fiestas.
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