Vladimir Daza


Durante las reformas de Gorbachov, la memoria histórica rusa se sacudió y continuó el proceso que se había iniciado con la muerte de Stalin, es decir, aquel de borrar el nombre de Stalin y el de su equipo de las calles, plazas y ciudades de la Unión Soviética. Por ejemplo, como cuenta la historiadora australiana Sheila Fitzpatrick, en su libro “El equipo de Stalin. Los años más peligrosos de la Rusia soviética, de Lenín a Jrushov, a la ciudad de Stalino se le devolvió su antiguo nombre: Donetsk, en Ucrania; a Leningrado se le devolvió el nombre que conoció Dostoievsky, el de San Petersburgo. Empero, escribe Fitzpatrick, aún hoy se discute llamar a Volgogrado -como se le llamaba en la Segunda Guerra Mundial-, Stalingrado para recordar su pasado heroico.
En estas semanas de inédita confrontación de la hegemonía de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia y la guerra en Ucrania, el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, en una entrevista dijo que “en su momento Napoleón y Hitler trataron de dominar a Europa; ahora son los estadounidenses.” Nuevamente, las guerras napoleónicas contra Europa y Rusia, y las devastadoras batallas de Stalingrado, de Moscú y Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial son traídas a la memoria para comprender los conflictos del orden mundial contemporáneo que genera la hegemonía de Estados Unidos.
En 2017, el ministro de defensa de Polonia Antoni Machebich, con motivo de los 73 años del levantamiento polaco de 1944 contra los nazis, manipuló la historia al acusar a Rusia de haber conspirado con la Alemania nazi para destruir a Polonia con la firma del Tratado Ribertrop- Molotov, sostuvo que: “La historia de los últimos 80 años habría sido diferente si esta generación sin precedentes de Polonia independiente no hubiera sido tan horriblemente exterminada como lo fue por las maquinaciones criminales alemanas y soviéticas.”
También los polacos, quienes han abierto sus fronteras a los tres millones de refugiados de la guerra en Ucrania, miran hacia el pasado y añoran reconsiderar las fronteras con ese país, Bielorrusia y Rusia. En marzo de este año, el excomandante polaco Valdemar Skscipcak planteó que Polonia debe cuestionar la pertenencia a Rusia de la región de Kalingrado, que ha sido “ocupada por Rusia” desde 1945, lo que generó que portavoz de la cancillería rusa le recomendara estudiar la historia de su país.
El 27 de marzo se cumplieron 169 años de la Primera gran guerra, como ya lo llamó el historiador británico Orlando Figes en su libro en sobre la guerra de Crimea (1853-1856). La guerra de Crimea enfrentó a Rusia contra el decadente Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia. Aún hoy, en Sebastopol y Crimea se conservan muchas tumbas de los soldados que murieron en esa guerra: un cuarto de millón de rusos, 100.000 franceses y 20.00 británicos.
Recuerda Figes que, en 1807, Napoleón con el zar Alejandro I habían retomado la idea de invadir a la India británica. En verdad era imposible, pero explicó el astuto Napoleón que “cuanto más descabellada sea la expedición, tanto más podrá aterrorizar a los ingleses”. Como Biden, quien dijo que después de las sanciones contra Rusia lo que quedaba era la tercera guerra mundial nuclear.
El triunfo de Rusia sobre Napoleón en 1812 y la rápida expansión del imperio alimentó la fantasía de los panfletos británicos y franceses de la época sobre la “amenaza rusa”, que aparecieron por doquier, escribe Figes. El fundamento documental de la “amenaza rusa”, dice, era el “Testamento de Pedro el Grande” en el que el gran zar soñaba con expandir el imperio por el mar Báltico y el mar Negro. Solo que el testamento era falso y fue inventado por polacos, húngaros y ucranianos al servicio de Francia.
“Toda esa literatura tenía tanto que ver con la imaginación de un “otro” asiático que amenazaba las libertades y la civilización de Europa”, el “estereotipo de Rusia” que surgía de esas publicaciones era la “de una potencia salvaje, agresiva y expansionista por naturaleza”, ¿cuál es la imagen que la prensa europea y norteamericana construyen de Rusia y su presidente Putin?
La “amenaza rusa” de expandirse hacia la India británica y el Medio Oriente controlado por el Imperio Otomano y luego por británicos y franceses condujo a la terrible guerra de Crimea que antecedió en brutalidad y sangre a la Primera Guerra Mundial.
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